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Cuestión de valor

Cuestión de valor

¿Infieles? Todo se reduce a una cuestión de valor. Y no me refiero a la acepción de valor del Diccionario de la Real Academia que señala: “cualidad del ánimo, que mueve a acometer resueltamente grandes empresas y a arrostrar los peligros”, sino a esta otra: “alcance de la significación o importancia de una cosa, acción, palabra o frase” a la que yo añadiría “persona”.

Son muchos los motivos por los que un individuo decide cambiar de puesto de trabajo. La mayoría de ellos se podrían resumir en una sola palabra: insatisfacción. El camino del exilio comienza ante una falta de reconocimiento, un muro indestructible, un horario abusivo, un salario ridículo, un jefe poco preparado…

Cada vez con mayor frecuencia encontramos en las ofertas de empleo, como rasgo a tener muy en cuenta, el que el solicitante aporte un alto grado de compromiso hacia la empresa. Demandan una elevada preparación académica, pero no tienen en cuenta la calidad personal del sujeto. Exigen años de experiencia cuando muchas veces la organización no tiene claras cuáles van a ser las funciones exactas del puesto ofertado, quizá por ello, para que el recién llegado sepa ya qué es lo que tiene que hacer con su vida.

Me siento una privilegiada. En las entrevistas que estoy realizando con los principales conferenciantes de nuestro país (con vistas a editar un libro, previo paso por la revista ejecutivos) hablamos de numerosos temas y realmente estoy aprendiendo mucho, lo que hace que mis horizontes se hayan abierto. Precisamente este problema se ha puesto recientemente sobre la mesa, tanto en la conversación mantenida con Marcos Urarte, como la mantenida con Nuria Chinchilla.

El problema fundamental que produce la infidelidad de los trabajadores es que el compromiso que se oferta es una dirección con sentido único. La empresa demanda compromiso pero no lo ofrece. El mundo actual necesita organizaciones vivas en pleno proceso de evolución, y nos empeñamos en mantener los estereotipos que funcionaron, no ya el siglo pasado, sino mucho antes, casi diría yo los que se aplicaban en los albores de la industrialización.

Y lo más grave del caso es que para solucionar la mayoría de los problemas que motivan la infidelidad hacia una empresa se solucionarían con tan solo tener voluntad de hacerlo. El coste financiero, si las cosas se hicieran bien, sería inexistente o prácticamente nulo. Es más, yo diría que a la larga lo que se produciría sería un gran beneficio financiero.

Existen todavía muchos aspectos del mundo laboral que permanecen anclados en el pasado y, sin embargo, abrir la puerta a su evolución sería simplemente una mera cuestión de voluntad, o sea de valor.

Afortunadamente no todo el mundo tiene en lo más alto de su escala de valor el tema monetario o el éxito público. Para un cada vez mayor número de individuos la realización personal (en su más amplio sentido), el sentirse internamente orgulloso del trabajo realizado,  o el disponer de otra serie de ventajas laborales, supone alcanzar un mayor grado de satisfacción en lo relacionado con su actividad profesional, que  hace crecer su grado de fidelización hacia la empresa.

¿Y cómo se llega a esta situación ideal? Con una entente cordial entre empresa y trabajador en la que se establezcan parámetros de confianza para las dos partes.  Voy a detallar alguna de las medidas que estoy segura de que mejorarían las relaciones empleador/trabajador de manera muy sustancial, y que como he mencionado anteriormente, tendrían poca o nula repercusión negativa en los resultados a corto plazo y que sin embargo la tendrían, y muy positiva, en el largo.

IDE-CESEM, Instituto de directivos de empresa - Valor 2Empezaré por los horarios porque creo que es uno de los pilares fundamentales en el cambio, necesario para alcanzar la fidelidad de los trabajadores. ¿Realmente es necesaria la rigidez de horarios? La verdad es que salvo en los oficios que requieren atención al público en los que no hay más remedio que estar presente a unas determinadas horas, para los demás, y sobre todo si se trata del sector servicios, flexibilizar el horario y permitir que el trabajador ajuste el suyo a las necesidades de su vida es un gran paso hacia adelante. Y si por fin entendiéramos que es necesario disponer de tiempo todos los días para poder realizar otro tipo de actividades, el paso sería de gigante.

Ya sabemos que a los españoles ¿o esto que voy a decir forma parte del pasado? nos gustan las sobremesas de café, copa y puro. Y la verdad es que es una costumbre estupenda  para las sobremesas en el ámbito familiar, pero no para los almuerzos de trabajo. No se puede salir a comer a las dos y media de la tarde y volver a las seis para retomar entonces la actividad profesional esperando que secretarios, ayudantes o subordinados en general estén esperando pacientemente en los despachos. Esta situación debería “prohibirse por ley” porque está comprobado que poder tener hobbies o disfrutar de la familia además de descansar, supone una mejora notable en el rendimiento de cualquier trabajador.

En resumen, primera medida, racionalizar horarios.

Otro de los puntos que sería importante aceptar por todas las partes es que no todo es cuantificable en este mundo. Por raro que pueda parecer existen personas que prefieren trabajar en un ambiente agradable, donde son escuchados y pueden plantear ideas y retos, donde encuentran colaboradores y no enemigos, y saben que no son un número más dentro de un gran departamento  de personal, antes que estar dentro de una jaula por muy de oro que sea. Extraño ¿verdad? Pues precisamente es el descuido en estos aspectos lo que provocan el mayor número de peregrinaciones hacia otras empresas.

Humanizar las empresas. Esta es la clave. Pero para llegar a ello es necesario que las personas dejen de ser un mero integrante de la cadena de montaje para recuperar su personalidad.  Y es necesario que esta humanización llegue a todos los rincones de la empresa, desde el presidente, dueño o director general al personal de limpieza o conserjería, porque todos y cada uno de ellos tienen una vida completa que desarrollar, y esa vida abarca veinticuatro horas al día, trescientos sesenta y cinco (seis si es bisiesto) días al año. No tenemos varias vidas (en el trabajo, con la familia, con los amigos…). Tenemos solo una que debemos disfrutar al máximo.

Voy a terminar volviendo al principio. El tema del compromiso es una dirección de doble sentido y solo entendiendo que es un valor a adoptar por ambas partes llegaremos a descubrir que el trabajo puede no ser aquella maldición bíblica de la que siempre nos hablaron.

 

IDE-CESEM, Instituto de directivos de empresa - María Victoria de RojasMaría Victoria de Rojas Gutiérrez de Gandarilla.

Tras una amplia experiencia en puestos de responsabilidad, tanto en la empresa privada como en el sector público, llega a la revista ejecutivos en 2001.

En un primer momento se encargará de actualizar la imagen de la revista para lo que colabora en el nuevo diseño y crea la sección “Primera Clase”. Como Directora de Relaciones Externas pone en valor de las entregas de premios que cada año realiza la publicación a nivel nacional, creando en 2004 los premios en las comunidades autónomas con la primera edición en Andalucía.

Desde 2010 ocupa la dirección de la empresa, así como el cargo de editora

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