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Día a día: buscando empleo tras la crisis

Día a día: buscando empleo tras la crisis

Mª VICTORIA DE ROJAS

Soy una más de los que piensan que las crisis lo que producen, sobre todo, son cambios estructurales, no siempre negativos. Esto no significa “¡bendita crisis!”, no, nada más lejos de mi intención. No estoy banalizando una situación que ha llevado a la ruina a medio mundo y provoca hambre y desesperación. Sería cruel por mi parte, sobre todo teniendo en cuenta que la situación económica de España me ha afectado tanto o más que a cualquier otro ciudadano español.

Todos conocemos a alguien que tras superar una enfermedad grave ha aprendido a vivir. Gente que abandonó las prisas, la mala alimentación y el estrés de una vida poco satisfactoria, para descubrir pequeños placeres que, sobre todo, aportan felicidad. A cuántos se nos acaba de venir a la mente la imagen de un amigo que tras sufrir un infarto ha aprendido que el deporte es esencial, que el exceso de grasas mata, y que si no cuidas a la familia, un buen día al llegar a casa descubrirás que estás solo.

A la larga, y como de lo que sí estoy segura es de que de cualquier situación siempre hay que sacar provecho y aprender, una crisis viene a ser como un infarto: tenemos que superar la enfermedad y aprender a vivir de nuevo.

Vivimos pendientes de una recuperación económica que tiene que traer aparejada la creación de empleo, pero ¿cómo serán estos nuevos empleos?

Yo no estoy segura de que el mercado laboral no estuviera abocado a una revolución, aunque la crisis económica no hubiera llegado nunca. La incorporación de todo el universo de nuevas tecnologías aplicadas al mundo del trabajo hubiera producido un cambio radical antes o después, la única diferencia quizá es que nos hubiera llevado más tiempo, en lugar de ser tan brusco y dramático.

Esta tecnología, lógicamente, además de cambiar nuestra forma de trabajar, ha modificado la manera de buscar empleo. Hasta no hace mucho tiempo era habitual recibir por correo solicitudes de trabajo, sí, parece mentira, pero no han pasado ni diez años desde que se recibían curriculums vía correo postal. Poco después, empezarían los envíos mediante correo electrónico. El problema es que se enviaban a todas las cuentas de correo que se conseguían, con lo que la búsqueda de empleo se convertía en un sorteo en el que se lanzaban miles de papeletas al aire, a la espera de que alguien, en algún lugar, decidiera coger una y echarle un vistazo.

La realidad es que, hoy en día y para muchos trabajos, si no dispones de un perfil atractivo y actualizado en diferentes redes sociales, simplemente no existes, con lo que nadie va a contar contigo. Por otra parte, son estas mismas redes profesionales las que se encargan de ofrecer puestos vacantes que se ajustan con tu perfil, así que, si no te involucras, pierdes gran cantidad de información y reduces drásticamente las posibilidades de encontrar un empleo.

Podría parecer que esta práctica solo tiene sentido para puestos de alto nivel, y si lo aceptáramos así nos estaríamos equivocando. Para trabajos de menor responsabilidad como suplencias, campañas específicas como navidades o rebajas, trabajos temporales o con jornadas parciales, existen en la actualidad bolsas de trabajo donde colocas tu curriculum de tal manera que puedes hacer seguimiento de los procesos de selección a los que optas, y por supuesto puedes mantener y actualizar vivo tu perfil. Estas bolsas de trabajo contratan en la actualidad gran cantidad de jóvenes, sobre todo estudiantes, que buscan trabajos compatibles con los estudios.

Otro de los cambios profundos que no tenemos más remedio que asumir es la necesidad de perder el miedo a la movilidad o al autoempleo. La distancia entre dos puntos geográficos se reduce o se amplía en función de nuestros propios temores. Hoy en día se puede mantener contacto visual a diario con tan solo disponer de Internet. Sí, no es lo mismo que verse en persona, pero es que hace años emigrar significaba en muchos casos volver a verse pasados años y se producían rupturas dolorosas. A todo esto hay que añadir la mejora en los transportes y el abaratamiento de sus precios, que también facilita el poder volver a casa de vez en cuando, aunque no sea Navidad. En cualquier caso, cada vez es más unánime la opinión de que pasar un par de años en el extranjero debe formar parte de la educación de cualquier profesional porque aporta una experiencia y un conocimiento difíciles de adquirir mediante el estudio.

También en cuanto al autoempleo han cambiado mucho las cosas. Para empezar, ser autónomo no significa ya trabajar en solitario, ni tener que salir a la calle, puerta por puerta, a la caza de un encargo que realizar. El trabajo en cooperación (no me gusta utilizar anglicismos pero ¡qué remedio!, si ya hasta la Real Academia de la Lengua admite casi cualquier cosa) o coworking, es una magnífica solución parar ofrecer mejores servicios al poder colaborar con otros profesionales que puedan completar el proyecto al que quieres optar. Y también existen plataformas específicas donde diariamente se ofertan trabajos para freelancers (¡vaya por Dios! ¡otra vez! me da pena lo que estamos haciendo con el castellano) y donde estos profesionales independientes pueden conocer ofertas de trabajo y ponerse en comunicación directa con el empleador.

Pero si todos estos cambios tienen mucho que ver con la forma de trabajar y de optar a un empleo, un poco en la parte técnica, también en todo lo que tiene que ver con la humana y social, las cosas han cambiado y mucho. Desde mi punto de vista, para bien. Presentar un buen curriculum no es garantía de éxito si la información no se completa con una buena trayectoria personal y en la entrevista de trabajo se demuestra estar en posesión de una actitud positiva. En mi casa utilizamos mucho como símil aquel “valor, se le supone” de cuando existía la mili. Yo lo aplico ahora a los conocimientos a la hora de contratar a alguien, se les suponen, porque lo que realmente importa es si la persona que opta al puesto comparte los mismos ideales que la empresa que le va a contratar; si el perfil humano del candidato facilitará la colaboración y el trabajo en equipo; y si realmente se va a convertir en un activo para la organización; porque en caso contrario, aunque el nivel de conocimiento sobrepase nuestras necesidades, nunca llegará a satisfacer el objetivo.

Resumiendo. Sí, el mundo laboral ha cambiado radicalmente en los últimos años y no tenemos otra opción que adaptarnos. En la actualidad es imprescindible continuar preparándose día a día para nuevos retos porque este proceso no ha hecho más que comenzar.

Para terminar quiero  protestar enérgicamente y rebelarme contra algo que me parece profundamente injusto: cuando al optar a un puesto, además de demostrar una capacidad de trabajo excelente y la mejor actitud, se aporta tener conocimientos amplios, estar en posesión de varios títulos académicos y atesorar varios años de experiencia, nunca, y repito, nunca puede hacer sino sumar. Es precisamente esa actitud, el valor humano y las ganas de trabajar lo importante, y no se puede eliminar a nadie de un proceso de selección porque “está demasiado preparado”. Desgraciadamente, en los últimos tiempos, personas que tras buscar infructuosamente un puesto de trabajo acorde a sus conocimientos, y ante la necesidad urgente de encontrar un empleo para poder sencillamente vivir, deciden simplemente tomar “otro camino”, se encuentran con que, o mutilan sus curriculums, o son automáticamente eliminadas de los procesos de selección. Y siendo esto grave, muy grave, no lo es más que en este comienzo de recuperación, no existan puestos de trabajo para estos maravillosos profesionales que tienen mucho que aportar a la sociedad y a los que el mercado les impide volar.

IDE-CESEM, Instituto de directivos de empresa - EmpleoMaría Victoria de Rojas Gutiérrez de Gandarilla.

Inicia su carrera profesional muy joven ocupando cargos de diversa responsabilidad en empresas de distintos sectores de actividad, lo que le ha proporcionado la oportunidad de conocer desde muy diferentes ángulos y en profundidad el mundo de la empresa.

En 2001 y tras diez años  desarrollando su actividad en la administración pública, concretamente desde el patronato de cultura de un pequeño ayuntamiento, llega a la revista ejecutivos.

En un primer momento se encargará de actualizar la imagen de la revista para lo que colabora en el nuevo diseño y crea la sección “Primera Clase”. Su cometido principal en esta etapa, desde su cargo como Directora de Relaciones Externas, será la puesta en valor de las entregas de premios que cada año realiza la publicación a nivel nacional.  En el año 2004 se crearían los premios en las comunidades autónomas con la primera edición en Andalucía.

En el año 2010 accede definitivamente a la dirección de la empresa y ocupa el cargo de editor de la publicación, puesto que desempeña en la actualidad.

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