Pages Navigation Menu

El directivo humanista

El directivo humanista

Javier Baglietto

Cuando uno decide labrarse su carrera profesional en el ámbito de la dirección de empresas, se encuentra casi siempre ante un enfoque formativo orientado a promover aptitudes y actitudes puramente gerenciales. Los objetivos son la cualificación práctica plana, la promoción de las cualidades y características basadas en el rigor de los datos y en el análisis económico-financiero de los mismos.

El mundo de hoy ya no es concebible sin Internet y sin las redes sociales. Gracias a las tecnologías de la comunicación es posible hoy transmitir y recibir enormes volúmenes de información y de conocimiento con una velocidad impensable hace sólo unas décadas. Sin embargo, pienso que toda moneda tiene su reverso, y el reverso de este indiscutible avance cultural es el aislamiento al que puede conducir; pienso que, si no estamos alerta, el ordenador tiende a aislar al alumno de su perceptor y, así, el directivo crecerá sobre la base de unas herramientas logísticas y productivas que conllevan el trato frío y, por definición, distante. Ante él tiene poco más que unos programas que procesan datos para su análisis. Sin más.

La formación del directivo del mañana pasa por un enfoque pluridimensional de su perfil, que vuelva la mirada hacia las fuentes del saber y recupere el sabor ancestral de la palabra. El verbo debe vertebrar nuestra preparación, tanto la profesional como la personal. Porque no pocas veces las organizaciones, presionadas por las exigencias del mercado, dejan de lado la palabra y abrazan sólo los datos. Todo lo que parece no tener trascendencia alguna en la cuenta de resultados, simplemente no existe.

Estoy convencido de que una formación humanista más profunda habría evitado que hoy el mundo esté tan convulso, y que los ciudadanos nos encontremos perplejos, desconcertados ante la magnitud de esta crisis. Buena parte de la responsabilidad recae, no debería recaer, sobre determinadas corporaciones que únicamente se han movido por el afán desmedido de lucro para sí mismas, unas corporaciones que no han promovido otros valores de empresa que los de sus bonus anuales. Por otro lado, la libertad de mercado, que es positiva en sí misma y que nos ha permitido evolucionar hacia sociedades más justas, se ha deteriorado por el mal uso que han hecho de ella unos pocos, y poderosos, grupos de intereses y una clase política, en el mejor de los casos, poco diligente. Los estados deberían asumir cuanto antes la soberanía que les corresponde e impartir una lección magistral de rigor y ética, que será asumida, vivida y replicada por cada directivo de cada empresa, pública o privada.

El mercado dicta pautas, reglas, directrices e, incluso, leyes. Pero estas leyes no pueden entenderse como dogmas sagrados sin más; todos conocemos las nefastas consecuencias de los fundamentalismos, así que nosotros como colectividad, y no «la mano invisible del mercado», somos los que debemos dirigir y gestionar hasta dónde llegar y por dónde ir.

La pregunta primordial es, ¿podemos crecer infinitamente en un mundo finito? Hablamos de sostenibilidad en todos los ámbitos de la actividad humana,pero ¿estamos haciendo todo lo que está en nuestra mano para asegurarnos de que nuestra palabra tiene sentido? Demasiadas veces en nuestro día a día recurrimos a frases hechas, huecas y pobres en contenido expresivo, absortos como estamos en proyecciones financieras o en gastos de explotación.

Los indicadores de desarrollo humano insisten en que nuestro crecimiento futuro pasa en buena medida por un compromiso insobornable por la formación en la rama de las humanidades: crecer sí, pero crecer sobre la base de una ética que honre al más generoso y no a aquel que más beneficios obtiene; sólo sobre este pilar se construirá una sociedad más justa.

Generar riqueza no sólo es legítimo sino necesario para que la sociedad perviva y prospere, así que también lo es enseñar y aprender sobre los mecanismos para obtenerla. Pero quien se limite a aprender a ganar dinero sabrá hacer negocios, sí, pero no será capaz de desarrollar proyectos empresariales a largo plazo, con vocación de futuro. Por ello, en las universidades, ya sean públicas o privadas, a los futuros directivos se les deben inculcar los principios de moralidad recta y conducta ética en cada una de sus actuaciones.

No debemos obviar nuestro pasado, porque somos cultura en desarrollo: CULTURA con mayúsculas modelada por siglos de creencias, costumbres, conflictos, arte, pensamiento, etc. Por poner un ejemplo cercano: como siguiendo una dialéctica hegeliana, a los excesos del capitalismo decimonónico les siguió la ineficacia del comunismo, que a su vez fue superada por las propuestas aperturistas del liberalismo. El liberalismo, en su acepción más positiva, significaba libertad de mercado, pero también la preeminencia de la libertad individual sobre otras tentaciones más uniformadoras, unas tentaciones peligrosamente cercanas a cualquiera de las formas del fascismo.

¿Qué seguirá al liberalismo? La historia se mueve a base de reeditarse a sí misma, así que seguro que sabremos enderezar nuestro destino. En cualquier caso, todo directivo debe saber aprovechar el fértil legado de la historia en cada una de sus decisiones estratégicas, en sus proyectos empresariales, en sus políticas de futuro.

En definitiva, el directivo humano apostará por una formación integral en tres pasos:
– una formación académica
– una formación práctica
– una formación humanista
Alvin Toffler dijo una vez que el analfabeto del siglo XXI no será aquel que no sepa leer ni escribir, sino aquel que no sea capaz de aprender, descartar lo aprendido y volver a aprender. Me resulta triste a veces ver cómo muchos de nuestros directivos son incapaces de llevar a cabo un análisis cualitativo y cuantitativo, riguroso y a la vez global, de los procesos culturales, con lo que se convierten, en cierto modo, en ágrafos culturales; sin la capacidad de crítica racional, sólo basados en prejuicios aprendidos en su etapa académica, serán incapaces de interpretar, de leer, su entorno profesional y personal.

Cuando se desempeñan cargos de responsabilidad, es crucial, además de decidir, saber escuchar. Siempre le insisto a mi equipo en el valor de las palabras, palabras que se articulan en frases que a su vez se articulan en mensajes. Sé -y no sé cómo evitarlo- que tengo una influencia importante en el clima humano de mi compañía, que de mis actitudes personales dimana una actitud hacia el día a día que se va propagando por los diversos escalones del organigrama. Y ellos no siempre saben -tal vez porque yo no he sido capaz de hacérselo saber- lo que me aportan además de su aportación meramente productiva.

La filosofía del directivo humanista se basa en saber comunicar. En este contexto, comunicar es un proceso de interacción que se sostiene sobre tres pilares básicos:
1. Transmitir los valores esenciales de la compañía, de forma que todos los que forman parte de ella los asuman y los hagan suyos.
2. Compartir su visión de «empresa», definir proyectos, establecer objetivos.
3. Construir relaciones, facilitar las interacciones y promover la participación.

Además de las funciones puramente ejecutivas, tengamos siempre presentes las enseñanzas de la antigua Grecia. Fueron los griegos antiguos quienes crearon el ágora, esa plaza pública donde se daban cita el comercio, la cultura y la política.
Imitémosles.

Si filosofía se define como ‘amor al conocimiento’, seamos nosotros también filósofos en nuestro quehacer profesional: estudiemos con rigor y paciencia el paso siguiente, profundicemos en nuestras propias fortalezas e identifiquemos nuestras debilidades. De ese modo, estaremos en las mejores condiciones para escoger la opción más justa para nosotros y para nuestra compañía.

Revista Innovatia 38Javier Baglietto. Durante más de 20 años ha desarrollado su carrera profesional en el sector de gabinetes estratégicos, sustentando actualmente el cargo de Consejero delegado de Acción Medica S.A., agencia de congresos y empresa dedicada al mundo editorial en el sector sanitario. En su amplia trayectoria profesional ha sido consejero delegado de BGA (agencia de servicios plenos), administrador de Gabo Travel (agencia de viajes) y administrador de MBC S.L (empresa dedicada a servicios audiovisuales). Cuenta con varios programas formativos, entre ellos, un MBA y un Master en Dirección Financiera, ambos por IDE CESEM.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*