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El futuro es de los emprendedores

El futuro es de los emprendedores

La formación se enfoca en desarrollar habilidades específicas y en gestionar las frustraciones

Siempre se ha emprendido. La novedad es que el mercado laboral ha cambiado de tal manera, por un lado debido a la crisis y, por otro, por las peculiaridades de las nuevas generaciones –herederas de esta circunstancia–, que emprender se presenta en muchos casos como la única vía para trabajar en la actualidad. Por eso, los programas de formación están cambiando para cubrir la demanda de un mercado que, además, “ha aprendido que sale más rentable contratar un proyecto que tener un departamento para algo muy concreto”. Quien habla es Javier Sanz, director del máster Business Entrepreneurship de la Universidad Complutense de Madrid. Según Sanz, “estamos abocados a que el futuro sea de la gente que emprende, y el que llegue antes a esta transición será el que más éxito coseche”. “La revolución digital lo ha cambiado todo, ahora es más fácil que nunca emprender, pero hay que entrenar capacidades específicas para gestionar de un lado las habilidades, y, del otro, la frustración de poner en marcha un proyecto”, añade Sanz. Porque esas son algunas de las claves del emprendimiento: tener una formación específica y gestionar la frustración de que no salga a la primera. El máster de la Complutense basa su programa educativo en el trabajo con “el riesgo, la incertidumbre y el error que existen en el mundo real”. “Fallar es lo mejor que puede ocurrirle a un emprendedor, pues si se obsesiona con esperar a tener un proyecto perfecto, nunca triunfará”, asegura Sanz.

Esther Álvarez, de IDE-CESEM (Instituto de Directivos de Empresa), añade una idea más, y es que la generación conocida como los millennials (los nacidos en los últimos 20 años del siglo pasado) es precisamente la que mejor se ajusta al emprendimiento. “Es una generación acostumbrada al precipicio y que no tiene miedo a un futuro incierto”, afirma.

NATIVOS DIGITALES

“Estos jóvenes son autodidactas y vienen bien formados”, explica Esther Álvarez. “Y son los de la inmediatez, por eso emprenden rápidamente proyectos y, o bien los venden, o bien empiezan con otro si el primero no triunfa”. Lo instantáneo de Internet, medio en el que son casi nativos, es otra pieza fundamental que facilita comenzar proyectos nuevos fácilmente pues “reduce costes, crea redes de contactos y ofrece herramientas gratuitas”, apunta Javier Sanz. Para él, sin embargo, nada de esto sería posible sin pasión, “que es la que te lleva a aguantar, a arriesgar, a poder con todo”. Está de acuerdo Santiago Molina, director del Instituto Superior de Medio Ambiente, que va más allá: “Hemos perdido el miedo a hacer lo que nos gusta y a exigir”, asevera. “Cada vez se emprende más en temas medioambientales; son personas que ponen su pasión en cambiar cosas que nos afectan a todos. Ahora hay más gente que trabaja en lo que le hace feliz aunque sea difícil”, comenta Molina. El interés por el medio ambiente es, según Esther Álvarez, otra de las características de esta generación de emprendedores. Por eso, Foro de Posgrado dedica este año un espacio al llamado emprendimiento verde, con ponencias, casos de éxito y talleres. “Estamos en un momento muy ilusionante y hay que dar visibilidad a estos proyectos”, añade Santiago Molina. Biodiversidad, economía verde y desarrollo sostenible son algunos de los grandes sectores donde proliferan las empresas relacionadas con el medio ambiente, en las que, según Molina, emprenden sobre todo biólogos, químicos o ingenieros.

AGUDIZAR EL INGENIO

Los expertos coinciden: se emprende porque se es más exigente e inconformista y las situaciones incómodas de los últimos años han agudizado el ingenio. Pero no todo vale y hay que asumir que la mayoría de los proyectos fracasan antes de dos años. Además, no todo el mundo sirve para emprender, apunta Miguel Sánchez Galindo, director de innovación y emprendimiento de la Escuela de Organización Industrial (EOI). “Hay que tener cualidades, una idea que te apasione, vocación y ganas de cambiar el mundo”, enumera. Por eso se entrenan capacidades para mejorar la empleabilidad: “Se ejercitan sus habilidades, se aportan conocimientos sobre el mercado y el sector de actividad, se les enseña a gestionar equipos, a ser líderes y a trabajar bajo presión”, explica Sánchez Galindo. Para él, “las generaciones que vienen lo hacen pisando fuerte y emprenderán en un mercado que no se ajusta a ellos”.

EMPLEABILIDAD

La falta de oportunidades laborales derivada de la crisis demanda un ejercicio de creatividad para reinventar el trabajo y las profesiones. Además, los que antaño fueron los mejores lugares para trabajar, las grandes corporaciones, ni son tan estables ni tan atractivas para una generación que demanda flexibilidad y valora el tiempo libre. Para empezar, “se buscan cosas muy distintas, por ejemplo, que haya confianza por parte de los jefes”, apunta Esther Álvarez, de IDE. “Las empresas de toda la vida son castrantes para esta generación, que usarán esas marcas para cambiar de trabajo o de país”. Este panorama demanda nuevas cualidades y habilidades que no aprenden en la universidad y que son necesarias para poder acceder al mercado laboral con éxito. Así, los centros de formación están reprensentado su forma de gestionar para generar oportunidades de empleabilidad entre los trabajadores ya que forman parte de una empresa, los que han terminado sus estudios y todos esos cuya profesión dejó de demandarse. Su esfuerzo, además, tiene que ver con formar profesionales que se demanden. Según Miguel Sánchez Galindo, de la Escuela de Organización Industrial (EOI), “precisamente un problema que tiene la universidad española es que no dimensiona la demanda real y cada año salen miles de jóvenes a un mercado que no les espera”. Por eso, el trabajo de instituciones como EOI es dar formación sobre ámbitos donde sí existe una demanda. “El módulo de empleabilidad trata el liderazgo, la negociación, la gestión de conflictos o el planteamiento de solución de problemas”, apunta Sánchez Galindo, competencias que “sirven tanto para emprendedores como para desempleados”. Esther Álvarez añade otras: “La diplomacia, la comunicación y las habilidades comerciales”.

Dentro del saber venderse está en saber hacerlo “bien” en redes sociales, uno de los temas más sensibles para las compañías, que, cada vez más, googlean a sus trabajadores para encontrar sus perfiles digitales. “Todos creen saber usar las redes, pero no tienen ni idea de su uso profesional”, apunta Álvarez. Internet, según esta directiva, suma y resta, pues “da más flexibilidad y agilidad para gestionar, pero al mismo tiempo aísla y hace que sus usuarios resuelvan peor los conflictos porque no se relacionan con otra gente, lo que merma sus habilidades sociales”.

Artículo publicado en el diario El País

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