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Vuelve a ser un niño

En el ejercicio de nuestra actividad de coaching, pedimos a los empresarios que recuperen las metas y objetivos que les impulsaron a crear el negocio, con el objeto de recuperar el entusiasmo y la frescura de aquellos momentos iniciales para afrontar los nuevos retos.

En el plano personal, periódicamente es necesario el mismo ejercicio, “abrir las ventanas” de nuestra mente y espíritu y dejar que el aire fresco entre. La prueba de que lo que digo es beneficioso la encontrarás en la siguiente lectura, donde queda probado que la actitud de los niños, en muchos casos, puede corresponder a una personalidad emprendedora mayor que la de los adultos. Reflexiona e intenta cambiar algo de tu actitud personal y profesional en las próximas semanas. La idea, como vulgarmente se dice, “no tiene desperdicio”.

Los niños son atrevidos, los adultos somos conservadores. Siempre miramos y repensamos todo varias veces antes de tomar una decisión. Un niño es osado, no le teme al riesgo, se lanza escaleras abajo con la bicicleta tan feliz… Y la mayoría de las veces acierta, se divierte y no le pasa nada. Nosotros, sin embargo, hasta las decisiones sin riesgo las demoramos. Nos hemos acostumbrado a ello y dedicamos 1 hora para saber si tenemos que encargar 500 o1000 sobres a la imprenta y lo peor, lo dejamos pendiente porque no tenemos tiempo de decidirlo ahora. Te propongo que clasifiques las decisiones en función del riesgo que asumas y a aquellas de bajo riesgo no les dediques más de unos minutos: si o no, pero no las demores. Desesperas a tu equipo, a los proveedores, a los clientes, a tu pareja. Acostúmbrate a decidir como los niños: en unos segundos. Haz como los niños, asume riesgos, no tengas miedo a equivocarte… Dile a tu mujer que no te gusta como le han dejado en la peluquería (¡¡¡!!!).

Los niños son creativos, los adultos no aferramos a la rutina. Los niños llenan las paredes con dibujos imaginativos, los mayores no intentamos nada nuevo, no innovamos (como decía Unamuno “que inventen ellos”). Abstráete de tu día a día, dedica unos minutos a pensar de forma lateral y aporta creatividad a tu negocio, mira que hacen otras industrias e intenta aplicarlo a lo tuyo. Haz como ellos, piensa libremente y prueba cosas nuevas… Y no me refiero a cambiar de restaurante de menú del día.

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Aprende a decir NO. Los niños son realmente buenos diciendo no y no se les cae el mundo encima por decir lo que sienten. Aprende de ellos y si no puedes con algo o no te gusta o no te sientes con ganas o capacitado, aprende a decir que no. Por supuesto con delicadeza, educación y buenas maneras. Practica el “noeing” algunas veces por semana, tu salud mental te lo agradecerá.

Los niños son insistentes, los mayores aceptamos la derrota demasiado temprano. Les dices que no pueden poner una tostada en el cajetín del DVD, pero siguen intentándolo una y otra vez. Los mayores lo intentamos una vez y si no sale abandonamos y decimos que eso con nosotros no funciona, habitualmente culpando al entorno. Por supuesto, nada es culpa nuestra, si no de nuestro jefe, pareja, hijos o incluso del mismo Presidente del Gobierno. Una vez que te has planteado un objetivo, insiste en él, no te des por vencido a la primera ni a la décima, lucha por lo que de verdad quieres… No creas a tu marido cuando persiste en decir que no sabe cuál es el cajetín del detergente en la lavadora.

Los niños son curiosos. Preguntan por todo y a todas horas, no se conforman con la primera respuesta. El ¿por qué? está en su cabeza permanentemente (bueno, también lo está el “¿falta mucho?”). Recuperemos nuestra curiosidad infantil y preguntémonos por qué se hacen las cosas de un modo y no de otro. Recapacitemos sobre si es posible implementar nuevos sistemas y modos de trabajar y no nos conformemos con las respuestas “dentro de la zona de confort” que vamos a recibir.

Hagamos que nuestra organización se replantee lo que estamos haciendo. Toma un tema con el que no estés satisfecho y haz que tu equipo te plantee una alternativa en, por ejemplo, dos semanas… Hablamos de trabajo, no te pueden ayudar en lo de tu hándicap en el golf.

Los niños tienen grandes habilidades interpersonales. ¿Te ha pasado alguna vez enfadarte con tu hija pequeña y que ella te saque del enfado con un “papá, te quiero” y dos besos? No planteo que hagas eso con tu jefe o empleados, pero sí que intentes mejorar tus habilidades sociales. Así, si eres tímido, la próxima reunión que tengas con personas que no conoces, en vez de hacer que hablas por el móvil durante el café, acércate donde otro que observes que le pasa lo mismo y preséntate, entabla una relación con él, te sorprenderá lo agradecido que se sentirá; busca tu debilidad en habilidades sociales y enfréntate a ella. No vas a “dar la vuelta al calcetín”, pero poco a poco serás mucho mejor dirigiendo personas si haces eso.

Los niños son desinhibidos. Si no conocen a alguien y tiene curiosidad se acercan y preguntan “¿y tú quien eres?”. Parece que a los adultos nos gusta jugar al “a ver si adivino”. Si no conocemos a alguien, preguntamos a terceros a ver quién es ese, si no lo saben podemos hasta buscar su foto en Facebook para encontrarlo. Déjate de jugar a los detectives, la próxima vez que quieras saber quién es alguien, pregúntaselo abiertamente

Los niños tienen claro lo que quieren. Cuando pregunto a cualquier persona con la que entablo una conversación que es lo que quiere para su negocio la respuesta es siempre la misma: “lo que no quiero es…”. Puñetas, te he preguntado qué quieres… El problema (más bien la suerte diría yo, ya que esa es una de las facetas de las que vivimos los coachs, de ayudar a determinar claramente que es lo que uno quiere) es que no lo sabe. Decide qué es lo que quieres, convéncete y vete a por ello, serás imparable. Si un niño tiene clarísimo su objetivo, es invencible, por mucho que lo intentes no conseguirás pararle. Haz tú lo mismo, ten claro qué deseas y serás imparable… Como tu hijo cuando llega su cumpleaños…Revista Innovatia 391

Los niños están llenos de entusiasmo, nosotros lo perdimos hace años. Sólo lo recuperamos cuando toca cambiar de coche, se acerca un concierto importante, el partido del siglo, cambiamos o redecoramos la casa o se acerca un viaje de vacaciones. Ilusiónate de nuevo con lo que haces, no con todo, pero esfuérzate en buscar algo concreto que te cree ilusión y mantenlo vivo.

Los niños están cargados de energía, nosotros estamos siempre cansados. Cualquier niño de cinco años es inagotable. El secreto es que duerme el tiempo que tiene que dormir. Nosotros, sin embargo, preferimos estar perdiendo el tiempo delante de la tele y estar agotados para el día siguiente, lo que nos hace más vulnerables y nos deja sin la energía para ilusionarnos, pelear, fijarnos objetivos y saber qué queremos.

Si quieres que tu empresa y tu vida sean totalmente diferentes, bebe el elixir de la juventud y comienza a tomar riesgos, a desarrollar tu creatividad. Di NO de vez en cuando (ojo, no siempre), se constante en lo que haces, desarrolla la curiosidad por lo desconocido, esfuérzate en el trato con otros, elimina prejuicios y, sobre todo; define claramente lo que quieres y ve a por ello con entusiasmo y energía, te sorprenderás de lo que eres capaz. Fíjate para ello en tu hijo o sobrino.

Artículo escrito por.. SANTIAGO TORRE ESCUDERORevista Innovatia 39

Licenciado en Sociología Industrial por la Universidad de Deusto y Master Executive MBA, en la actualidad es Vicepresidente de AICEN (Asociación Internacional de Coaching Empresarial y de Negocios) y Socio-director de 10 Cs Coaching. Con anterioridad ha sido Tesorero del Real Club de Tenis Jolaseta, Director financiero y de recursos humanos en Atotech, Director adjunto de la Delegación de Bilbao en Doux Ibérica, Jefe de ventas del Área centro en Huhtamaki, Jefe de estudios de mercado en Ikerfel y Comercial en Konica Minolta Business Technologies Inc.

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