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Formación, parte de la creación

Formación, parte de la creación

JAVIER BAGLIETTO.

El primer punto de análisis para ver si la formación puede hacernos salir de la crisis, es analizar qué recibimos con la formación, qué puertas nos abre y hacia dónde nos conduce.

Todos estaremos de acuerdo en que la formación nos ayuda a pensar, a mejorar nuestros hábitos de vida, a conocer áreas del conocimiento, que sin ella no podríamos ni dar un paso.

En nuestro devenir diario todos los días aprendemos algo, nos formamos como pequeñas gotas discurren por las hojas de las plantas, absorbemos la pureza del saber y nuestras venas y arterias confluyen en el cerebro haciéndonos un poco más sabio. Cuando la formación además es reglada, los maestros del conocimiento nos acompañan en un viaje de fascinación continua.

La mente se abre con mayor facilidad, gracias al esfuerzo de la inteligencia aplicada a la razón, provocando una ductilidad ingeniosa, y un repositorio de ideas y de formas que generan el avance continuo de la aventura del saber.

A lo largo de la historia de cada persona, la impronta dejada por la formación es larga, y se convierte en parte de las arrugas que componen nuestro carácter.

Somos la genética de nuestra familia, pero al mismo tiempo los componentes externos nos construyen en una labor mas importante de lo que parece, aportándonos metodología y rigor en cada paso que damos, permitiendo que la formación haga una labor correctora del desconocimiento de las artes y las ciencias, extrayendo de nuestro ser más intimo la creación, la imaginación, el método, que nos hará ser un poco más perfectos en nuestras actuaciones.

La crisis hoy enturbia un poco nuestro conocimiento, haciéndonos dudar de nuestra aplicabilidad de los elementos que hemos aprendido a lo largo de nuestra corta existencia, provocando dudas irreparables que nos atenazan y nos convierten en peleles del ruido mediático desencadenado por la situación a la que estamos en este momento abocados.

Hoy es momento de cambio, de búsqueda de nuevas herramientas, de utilizar el pasado como un arma cargada de futuro, como Blas de Otero decía de su poesía, naveguemos hacia una isla futura, hacia el descubrimiento de un nuevo mundo, dejando al lado, los miedos, las angustias vitales, y sumerjámonos en un mar embravecido, con olas enormes, que debemos conquistar, atravesar con rapidez de brujos, empecemos a caminar sobre las aguas, con miras hacia la creatividad loca.

Dejémonos llevar por Rocinante, en ese despliegue de ingenuidad, de vuelta a la niñez, donde los sueños son posibles, donde todo está por descubrir, donde la caricia de la madre, nos abre la puerta del deseo de la añoranza mas vivida, seamos parte de un todo que como un rompecabezas elaboramos poco a poco, pero sin distracciones, con la fuerza que nos da ser parte de un equipo.

La conquista de cualquier objetivo se consigue cuando todos navegamos con las mismas ganas, al compás de la batuta del director, todos somos la música que nos arrastra, como una sinfonía de Beethoven, nos dejamos arropar por las notas musicales, y nuestro esfuerzo se ve recompensado.

Hoy, igual que en el pasado, la formación es parte del todo, nada somos sin ella. Cada movimiento que damos aprendemos, extraemos la sabia de nuestro hacer, y la historia nos recuerda que miles de seres humanos han construido nuestro conocimiento, nuestros avances tecnológicos-científicos, nuestro arte con la ayuda de su esfuerzo plasmado en la transmisión de sus ideas, y gracias a ese saber que nosotros recogemos en la formación nos permite que vayamos evolucionando hacia el futuro.

El mundo actual es un ser cambiante, con unas ganas de crecer, de evolucionar en una progresión geométrica, y cada día descubrimos con la rapidez del río de Heráclito que nos bañamos en el mismo, pero que las aguas con fuerza vienen dejándonos sabores diferentes y aunque no haya nada nuevo baja el sol, las técnicas son sorprendentemente diferentes y hace falta estar más preparado en todos los aspectos, los idiomas son fuente de contacto, de riqueza, de mezclas de culturas, y por lo tanto de evolución.

Nadie hoy, podría despertarse y no ver los correos del día, las noticias que cada mañana nos trae la aldea global, y oír una llamada tras otra en un aparato ínfimo que se centra en los contactos continuos que tenemos cada vez que nos movemos a lo largo de la capa de la tierra.

Todo esto es evolución, trabajo en equipo, construcción de aparatos, técnicas y elementos que nos van a acompañar en el trascurso de nuestra vida y que son tan habituales, que se deben a la labor de personas con una formación específica que encadenan su conocimiento con el saber de otros para mejorar nuestra vida.

Cada vez las ciencias, van interpretando y conociendo más nuestro cerebro, somos capaces de detectar nuestras frustraciones, alegrías, o rabia por la expresión de nuestra cara, vamos conociendo como se mueve nuestro cerebro y la capacidad que tenemos para modelarlo.

Seremos capaces con el trascurrir de los años, quizás no tantos, de regenerar nuestros órganos, con la capacidad de nuestro cerebro, podremos evolucionar hacia formas más perfectas de humanos, con una capacidad craneal mayor, nos rodearemos de robots que harán que nuestra vida sea mas cómoda, nos sustentaremos con alimentos dirigidos para una vida saludable, nuestro cerebro también será capaz de ejercitar los miembros necesarios, quemando las calorías necesarias, la vida se extenderá a los 130 o 150 años, con una movilidad hasta ahora impensable.

Habitaremos la tierra, y otros planetas cercanos, navegando por el espacio con la finalidad de expandir nuestro conocimiento. Para ello la tecnología evolucionará hacia puntos hasta ahora impensables, las novelas de Julio Verne, que leíamos de pequeños, están siendo superadas por la realidad que nos rodea, sin lugar a dudas, esto es un ejercicio de esfuerzo continuado, y de labor de equipos preparados para la detección de enfermedades que serán erradicadas, de nutricionistas, que harán nuestra alimentación más sana y equilibrada, de científicos que utilizarán la energía con fines de desarrollo de nuevos equipos de navegación, con ingenieros informáticos que crearán mundos virtuales donde podremos navegar y estimular nuestra creatividad y nuestra imaginación.

Conoceremos los océanos, con la sapiencia que nos dará conocer animales que viven en el agua, nos permitirá construir ciudades acuáticas, donde aprenderemos de los seres que habitan el fondo marino.

Seremos capaces de volar con nuestros brazos, o mediante maquinas de fácil manejo, haciendo carreteras interespaciales así como vías acuáticas donde circularemos como las actuales carreteras.

Todo este futuro, que siempre se nos ha presentado desolador en las películas de ciencia ficción, debe ser un futuro construido con nuestro conocimiento, mediante el esfuerzo de la formación continuada, que llegará a tener profesores virtuales que nos acompañarán a través del desarrollo de nuestra vida laboral, como parte de un coach continuo, y que nos agilizara nuestras respuestas, poseeremos chips que podremos cargar y descargar con videos, imágenes, textos, y que nos dotarán de un repositorio o archivo más grande del actual. Tener miedo al actual momento, es tener miedo al futuro, estamos convulsionando por los nuevos mercados.

La aldea global ya es verdad que empieza a serlo, y esto está trayendo unos cambios probablemente demasiado rápidos y nos ha cogido un poco de sorpresa, tendremos que madurarlos y ser capaces de dirigirlos hacia un mundo mas cercano, donde la emigración no sea un problema.

La cercanía de los mundos nos hará mezclarnos con mayor intensidad, donde se den soluciones globales y no nacionales, menos de corto plazo como las actuales y vayamos a un enfoque mucho más cercano a las necesidades reales.

La superación de la crisis vendrá por la acumulación de energía positiva, creación y desarrollo de nuevos campos de actuación, volcados por una formación continua que engendrará una alternativa a la era que vamos dejando, y entraremos en el renacer de una era más imaginativa, de visión mas óptica, con resultados sorprendentes, en donde no podemos pararnos a desesperarnos sino a subirnos con la velocidad de la luz, y en un nuevo enfoque económico-científico.

No nos dejemos llevar por los agoreros de la frustración y encaminemos nuestros pasos hacia el futuro con brillantez de miras y con una carga de conocimientos que solo este siglo puede darnos.

La evolución histórica desde la segunda guerra mundial ha sido espectacular, pero nada comparada con la velocidad de crucero en que empezamos a entrar.

En la introducción o en el título de este ejercicio de soliloquio, hablo de formación para la creación, es evidente que una de las mayores riquezas que tiene la vida es la creación. Somos parte de un mundo donde nacemos, y venimos sin que seamos autores de nuestra posición en el Universo.

Nadie pide entrar en este rol de la vida, pero es la mayor grandeza que tiene cualquier ser vivo, poder estar en la composición del movimiento universal, de ahí que mi título me lleve a creer que la formación debe hacernos llegar a la creación, que nos permita desarrollar nuestro intelecto para crear, bondad, satisfacción en las personas, situaciones de bienestar y que no se rija solo por las normas de la competitividad loca.

Que podamos aprender y aprehender en nuestra fibra sensible que nacemos para mejorar nuestra existencia y la del entorno, debemos crecer con cada gota de saber, con cada conocimiento aprendido y volcarlo en la consecución de un plan que mejore la aldea global. Formación para la creación, si para un futuro que nos haga mucho más humanos, en el buen sentido de la palabra, como diría Antonio Machado, bueno.

Si la pretensión de cualquier formador, y de la formación en sí es mejorar nuestras aptitudes y actitudes ante la vida, por lo tanto hagamos que nuestros maestros nos enseñen sus conocimientos aprendidos por la cadencia de los años y por ese esfuerzo continuado, y bañémonos en el mar de las dificultades, con nuestra mochila cargada de futuro.

Pidamos a los formadores su saber, todos debemos ser capaces de transmitir lo aprendido en nuestros años, ya que hará que los nuevos habitantes del planeta podrán surcar con mayor facilidad las dificultades que se van a presentar.

Somos depositarios del saber, y por lo tanto debemos llegar por cualquier medio, ya sea presencial, on-line, para formar a los futuros destinatarios de la evolución humana, y sin llegar a una formación adecuada es difícil, no solo superar esta crisis.

¿Cuántas habremos pasado en estos miles de años? Hemos de enfrentarnos a todo lo que tiene que llegar. Creemos una formación adecuada, y tendremos un futuro mejor, todos hemos oído el conocimiento da poder, e insisto un arma cargada de futuro. ¿Cuántos errores se cometen con no apreciar a los formadores?

Desde la niñez es fundamental trasladar nuestra experiencia, nuestro conocimiento para que al final nuestra comunidad desarrolle hábitos intelectuales, y cada ser deje de ser una cosa y se convierta en un ser pensante y estable, con capacidad de análisis y critica.

Tenemos necesidad de formadores buenos, que sean respetados y que nos transmitan su saber, haciéndonos a todos mas personas, por eso debemos exigir una educación y una formación para el futuro.

Olvidar que el futuro se deposita en la educación y que la formación es la que va permitir dar soluciones a la salida de la crisis es tener las anteojeras de muchos años, para sobrevivir en un mundo de cambio necesitamos a buenos formadores.

IDE-CESEM, Instituto de directivos de empresa - FormaciónJavier Baglietto

Durante más de 20 años ha desarrollado su carrera profesional en el sector de gabinetes estratégicos, sustentando actualmente el cargo de Consejero delegado de Acción Médica S.A., agencia de congresos y empresa dedicada al mundo editorial en el sector sanitario.

En su amplia trayectoria profesional ha sido consejero delegado de BGA (agencia de servicios plenos), administrador de Gabo Travel (agencia de viajes) y administrador de MBC S.L. (empresa dedicada a servicios audiovisuales).

Cuenta con varios programas formativos, entre ellos, un MBA y un Master en Dirección Financiera, ambos por IDE-CESEM.

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