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Martin Hilbert, gurú del Big Data: “La democracia no está preparada para la era digital y está siendo destruida”

Martin Hilbert, gurú del Big Data: “La democracia no está preparada para la era digital y está siendo destruida”

Cuando Martin Hilbert calcula el volumen de información que hay en el mundo, asombra. Cuando explica cuánto ha cambiado la idea de privacidad, sacude. Y cuando reflexiona sobre el impacto de todo esto en la democracia, preocupa.

“Esta cosa se ve muy mal”, advierte Hilbert, un alemán de 39 años, doctor en comunicación, economía y ciencias sociales, que ha investigado cuánta información hay en el mundo actual.

Según este asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y profesor de la Universidad de California, Davis, el flujo de datos que corre entre ciudadanos y gobernantes nos puede llevar a una “dictadura de la información”, algo imaginado por George Orwell en su novela “1984”.

“Vivimos en un mundo donde los políticos pueden usar la tecnología para cambiar cerebros, los operadores de telefonía móvil predecir a dónde iremos y los algoritmos en redes sociales descifrar nuestra personalidad mejor que nuestra pareja o nosotros mismos”, asegura.

“Con 250 “me gusta” el algoritmo de Facebook puede predecir tu personalidad mejor que tu pareja”

Hilbert concedió una entrevista a BBC Mundo a propósito de la eliminación de protecciones a la privacidad online en EE.UU., una decisión del Congreso aprobada por el presidente Donald Trump que permitirá a empresas proveedoras de internet vender con más facilidad información de sus clientes.

– ¿Qué opina sobre la decisión del Congreso de EE.UU. de derogar reglas de privacidad en Internet?

Los proveedores de internet han buscado desde hace tiempo permiso para recopilar datos privados de sus clientes, incluido su historial de navegación en la web, y compartirlos con terceros, como anunciantes o empresas de marketing.

Un proveedor de internet puede ver las solicitudes que realizas en la web, por ejemplo si miras Netflix o Hulu. Esa información es valiosa, porque podrían orientar sus publicidades hacia hogares que utilizan sus servicios.

Mientras esto parece ser un acto muy grave, liberado por el nuevo gobierno de EE.UU., hay que reconocer que durante los últimos 30 años los reguladores de telecomunicaciones en EE.UU. se han alejado de una de sus metas originales: el beneficio de la sociedad. Y se han movido en el sentido de favorecer a las empresas.

-Los proveedores de internet decían que las reglas no se habrían aplicado a grandes colectores de datos como Facebook o Google. ¿Cómo ve ese argumento?

Le encuentro una razón. Pero hay una diferencia: para Facebook, su negocio son los datos que tiene, es una empresa de datos. La pregunta es si a los proveedores de internet hoy en día los interpretamos o no como proveedores de datos.

Muchos proveedores de telecomunicaciones incluso empiezan a vender datos. Por ejemplo, una operadora de telefonía móvil sabe cada segundo donde tú estás. Entonces, ¿pueden vender esa información también? Hay que redefinir estos diferentes ámbitos. El regulador tiene que estar bien parado y encontrar un balance en cada país.

-¿Esto muestra lo difícil que es hoy proteger la privacidad?

La pregunta correcta es qué privacidad quiere la gente, y la verdad es que no están tan preocupados. ¿Qué pasó después de todas las revelaciones de Edward Snowden? Nada. Han dicho: “No está bien que puedan ver mis fotos desnudo”. Y al próximo día continuaron. Nadie fue a la calle a protestar.

Hay un nuevo balance de cómo interpretar la privacidad. Y las generaciones jóvenes tienen un concepto totalmente diferente de lo que es privacidad o no.

-Tomemos una persona adulta que hoy en día que usa un teléfono móvil, un ordenador… ¿Cuánta información puede haber recogida sobre esa persona?

En el pasado, la colección de información más grande que la gente imaginó como referente era la Biblioteca del Congreso de EE.UU., y hoy en día la información que existe en el mundo ha llegado a tal nivel que hay el equivalente a toda la colección de la Biblioteca del Congreso por cada 15 personas.

Hay un montón de información disponible y crece muy rápido: se duplica cada dos años y medio. La última vez que hice esa estimación fue en 2014. Ahora debe haber una Biblioteca del Congreso por cada siete personas. Y en cinco años más, habrá una por cada individuo.

Si pones toda esta información en el formato de libros y haces una pila de libros, harías 4.500 pilas de libros que llegan hasta el Sol. Bueno, de nuevo, eso era hace dos años y medio. Ahora son como ocho o nueve mil pilas que llegan hasta el Sol. Y la información que tú produces crece básicamente al mismo ritmo: se estima que por cada individuo de EE.UU. hay como 5.000 puntos de datos disponibles para el análisis. Son cosas que dejas en Facebook, por ejemplo. El número que dejas de verdad es difícil de estimar, porque es casi un continuo: cada segundo tienes tu móvil contigo y dejas una huella digital. Entonces cada segundo estás registrado por múltiples empresas.

-¿Puede dar ejemplos?

Tu operador móvil sabe dónde estás gracias a tu teléfono. Google también sabe, porque tienes Google Maps y Gmail en tu móvil. Y cada transacción que haces con tu tarjeta de crédito son puntos de datos. Cada “like” que haces en Facebook… incluso cómo mueves el ratón en una página de internet puede estar registrado…

-Esa información no está recogida en un solo lugar o por una persona. ¿Cuán predecibles somos usando la información que tiene sobre nosotros una empresa o colector masivo de datos como Facebook o Google?

Voy a dar varios ejemplos: tu teléfono te muestra cuántas llamadas hiciste, el proveedor de telefonía tiene que recoger esto, porque te tiene que hacer la cuenta. Ellos ni siquiera se preocupan sobre con quién hablaste o qué hablaste, es nada más la frecuencia y duración de tus llamadas, lo que se llama metadata. Con eso puedes hacer una ingeniería reversa y reconstruir un censo completo de un país con 80% o 85% de precisión: género, familias, ingreso, educación…

Si tengo información un poco más detallada, por ejemplo si el operador de telefonía móvil también registra dónde te mueves, porque te conectas a sus radiobases, se puede predecir hoy con 90% o 95% de precisión dónde vas a estar en dos meses, y en qué momento del día.

“Cada segundo tienes tu móvil contigo y dejas una huella digital; cada segundo estás registrado por múltiples empresas”

Ahora vamos al famoso Facebook, que tiene un poco más de data. Por ejemplo, tiene los “likes”: qué te gusta y en qué momento. Unos investigadores de Cambridge hicieron tests de personalidad con gente que les dio acceso a su página de Facebook, y encontraron que con cuántos “likes” —un algoritmo de inteligencia artificial— pueden detectar tu personalidad.

Con 100 “me gusta” podían predecir tu personalidad bastante bien e incluso otras cosas: tu orientación sexual, tu origen étnico, tu opinión religiosa y política, tu nivel de inteligencia, si usas sustancias adictivas o si tus padres están separados. Y detectaron que con 150 “me gusta” el algoritmo podía predecir tu personalidad mejor incluso que tu pareja. Con 250 “likes” de Facebook, el algoritmo conoce tu personalidad mejor que tú.

-¿Para qué se usa esa información?

Para una empresa de marketing o para un político que trata de buscar votos, es algo muy interesante. Con el Big Data también incrementamos mucho el poder de predicción de las ciencias sociales. Puede costar millones de dólares desarrollar un algoritmo de inteligencia artificial, pero una vez que está desarrollado, lo aplicas a todo el mundo. Entonces se está empezando a usar rápidamente en otros países.

En predicción de localización de telefonía móvil, Telefónica, una empresa muy activa en América Latina y en España, ha trabajado mucho, incluso ya empezó a vender este tipo de datos. Entonces, si quieres abrir una empresa en alguna capital de América Latina para vender corbatas, les pagas y te dicen en qué momento y dónde caminan los hombres, y tú sabes exactamente en qué salida del metro instalar tu nueva tienda de corbatas.

-La pregunta es cómo de peligroso es todo esto, la forma en que se están colectando datos que permiten predecir tanto sobre los individuos y las sociedades en general…

Una tecnología es solamente una herramienta. Un martillo lo puedes usar para cosas buenas, como construir una casa que te protege, pero también lo puedes usar para matar a alguien. Ninguna tecnología es tecnológicamente determinista, siempre es socialmente construida.

No me preocupo tanto por el comercio o la economía. La que no está nada preparada es la democracia representativa para esta transparencia brutal que hay desde el ciudadano hacia el representante, y viceversa.

-¿Por qué?

Porque la democracia representativa, tal como la inventaron en EE.UU., es un proceso de filtrar información. Hace 250 años era imposible preguntarle a toda la gente y la gente tampoco estaba informada. Entonces los Padres Fundadores inventaron un filtro de información que le llamaron representación: tener representantes que en su nombre deliberan y llegan a detectar lo que le sirve a la sociedad. Y eso lo rompimos por completo.

“Hay que sentarse y reinventar la democracia representativa. Si no, fácilmente se convierte en una dictadura de la información”

Los representantes hoy pueden ver todo lo que hacen los ciudadanos, y los ciudadanos pueden dictar la vida de los representantes, con tuits y otras cosas. La democracia representativa no está preparada para esto.

Lo que vemos ahora, con la reciente elección en EE.UU. y cómo el nuevo presidente usa los medios sociales, es parte de ese lío en que estamos.

Hay que sentarse y reinventar la democracia representativa. Si no, fácilmente se convierte en una dictadura de la información. Y ojo que la visión más vieja de la sociedad de información es de 1948, cuando George Orwell escribió su libro “1984“. La visión era de una dictadura de la información.

Si hubieras dicho esto hace 10 años te hubieran dicho que no, que internet es pura democracia y libertad. Pero hoy en día creo que la gente empieza a entender, especialmente con este nuevo gobierno, que hay que actuar rápido. La democracia no está nada preparada para la era digital y está siendo destruida. Estamos en un proceso que (el fallecido economista austro-estadounidense Joseph) Schumpeter llamó de destrucción creativa. Y no tenemos ninguna creatividad, porque no hay ninguna propuesta de cómo hacerla diferente. No hay una salida. Y esta cosa se ve muy mal.

-¿Puede dar ejemplos prácticos sobre esa destrucción?

(El expresidente estadounidense, Barack) Obama entiende muy bien esto del Big Data. Después de Edward Snowden la gente se preguntó por qué no hizo nada. Y bueno, porque él también lo usó mucho.

El gasto más grande de su campaña de 2012 no fue para comerciales televisivos: creó un grupo de 40 ingenieros que sacó de empresas como Google, Facebook, Craigslist, incluso jugadores profesionales de poker… Les les dio mil millones de dólares y desarrollaron una base de datos de 16 millones de votantes indecisos. 16 millones de perfiles que llenaron con diferentes datos: tuits, posts de Facebook, dónde viven, qué veían en la tele…

“Desarrollaron una base de datos de 16 millones de votantes indecisos. 16 millones de perfiles que llenaron con diferentes datos. Eso es lavar cerebros”

Cuando conocían tus preferencias, si un amigo tuyo en Facebook hizo “me gusta” en la campaña de Obama, ellos tenían acceso a la página de ese amigo y empezaron a poner mensajes en esa página —que tu amigo no veía pero tú sí— con cosas con las que estás de acuerdo.

Y cambiaron la mente de 80% de las personas que atacaron así. Con eso ganó las elecciones. Eso es lavar cerebros: no les muestras la información, solo lo que quieren escuchar, y escondes lo que no están de acuerdo.

-¿Y cómo el Big Data está cambiando la forma de gobernar?

El representante tiene mucha información sobre ti, pero al revés también. Mira al presidente Trump, que muchas veces reacciona en tiempo real a lo que la gente le dice. Entonces es como que le dictamos y se se convierte en una marioneta de lo que le transmiten por la tele o Twitter.

El mandato representativo, como los Padres Fundadores lo crearon, era: nosotros confiamos en ti como persona y tú lideras y tomas decisiones en nuestro nombre. Ahora los políticos miden su popularidad en Facebook y cambian la charla mientras la dan para ajustarse a lo que hablan en Twitter. Esto no es como fue diseñado. Los grandes presidentes no se rigieron por populismo; lideraron.

-¿Se le ocurre alguna solución para este problema?

La historia muestra que hay que cambiar las instituciones. No se puede controlar quién tiene los datos y quién no. Se pueden crear instituciones y decir que alguna información la vamos a abrir públicamente. Por ejemplo, que los partidos políticos tienen que abrir de quién reciben dinero. Ahora, ¿van a abrir los datos tuyos?

Entonces abrir tampoco es la solución. Pero hay que hablar mucho sobre esto. Y la gente no habla.

También hay que cambiar la tecnología. La tecnología no es una cosa que cae del cielo. Hay muchas oportunidades. Por ejemplo, en una entrevista de trabajo la inteligencia artificial podría ser mucho más neutral que un gerente de recursos humanos que subconscientemente discrimina. Podríamos salir de patrones muy viejos que teníamos por muchos años, y crear el futuro que queremos.

Entrevista original publicada por el periodista Gerardo Lissardy en el diario BBC Mundo

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