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La felicidad, ¿a quién le importa?

La felicidad, ¿a quién le importa?

MIGUEL ÁNGEL PÉREZ LLORIA.

Oímos hablar mucho de la felicidad y de los mil y un consejos para alcanzarla. Sin embargo, parece que la mayoría, incluidos quienes dan tales consejos, no son del todo felices. Por supuesto, este artículo solo pretende compartir puntos de vista sobre la felicidad en los planes personal y profesional.

La felicidad en el plano personal

Respecto al plano personal, es obvio que la felicidad es un objetivo que todos queremos alcanzar. Sin embargo parece que es como la zanahoria que se pone al asno, que cuanto más acelera, más rápido se aleja. Parece por tanto una utopía y que como tal nunca pudiéramos alcanzarla.

No obstante, también parece en ciertos momentos que empezamos a conformarnos y que la felicidad ya no es un todo o nada y que vamos ‘rebajando’ nuestras pretensiones de felicidad. En los tiempos que corren bajamos aún más el listón y disipamos cualquier ambición sobre ser felices porque tendemos a pensar que cualquier cambio será sin duda a peor. O simplemente no tenemos más remedio que reconocer que somos infelices.

Aquí me gustaría hacer un símil con el tenista Rafael Nadal, del cual se puede extraer una lección importante. Dados su talento y capacidad para el tenis, genera unas expectativas más que justificadas y, en numerosas entrevistas, sobre todo a las puertas de un gran torneo de dos semanas, los periodistas ya le preguntan sobre la final. Su respuesta es, invariablemente, que solo piensa en el primer punto del primer partido y que después ya se verá. También, son muchos los casos en los que ha hecho remontadas increíbles y las ha logrado porque no piensa ni en los puntos que ha perdido ni en los que debe ganar: piensa solo en conseguir en el siguiente punto y ese es el objetivo que permite seguir adelante con garantías.

Entonces, ¿por qué no acercarnos a la felicidad de la misma forma? Aunque uno debe fijarse objetivos a largo plazo que, supuestamente, le harán feliz, sería importante considerar si los pequeños hitos del camino también le van a hacer feliz.

Creo entonces que la verdadera felicidad reside en desglosar nuestros objetivos para hacerlos concretos, cercanos y factibles y cuyo logro nos haga sentir bien. Sin duda, al fijar esos objetivos podemos considerar aquello de que no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita. Y por supuesto, como en todo camino habrá tropiezos y errores, tanto propios como ajenos que nos harán momentáneamente infelices, pero eso no debe desviar nuestra atención del siguiente objetivo que seguro nos hará sentir al contrario.

La felicidad en el plano profesional

No cabe duda, en cualquier caso, de que es necesario considerar la enorme influencia que tiene el ámbito profesional en la felicidad, paradójicamente, un sentimiento exclusivamente personal.

IDE-CESEM, Instituto de directivos de empresa Felicidad 2En la felicidad o el bienestar que podemos lograr en el entorno de trabajo, son destacables los esfuerzos y campañas de empresas como Coca-cola, Philips o R-cable. En otro nivel, es conocida la iniciativa de Bután de crear un parámetro (Felicidad Interior Bruta) que mide el bienestar de su población, más allá de consideraciones materiales, dándole tanta relevancia como al Producto Interior Bruto.

Sin embargo, a nivel empresarial hay un problema de base que deriva directamente en un bajo nivel de felicidad o bienestar en el trabajo: no tiene un impacto directo tangible en la cuenta de resultados ni mucho menos, en otros aspectos como la cotización en bolsa.

A este problema se añade otro, quizá más debatible, que he encontrado a menudo en mi experiencia profesional: a casi nadie, y esto concierne principalmente a los jefes, importa si el entorno laboral hace felices a sus subordinados. De hecho, en ciertos casos, que alguien sea feliz en el trabajo genera suspicacias sobre el compromiso y la dedicación de esta persona a sus responsabilidades.

En la relación jefe-subordinado, que es en muchos casos la de mayor impacto en la felicidad de ambos, hay de por sí más tensión que cooperación para crear un ambiente favorable. Y esto es consecuencia de unos objetivos empresariales que priman aspectos económicos y que no miden el impacto en éstos mismos de que la gente esté feliz en su trabajo: mayor compromiso, aumento de la productividad y menor rotación entre otros.

Investigadores como Martin Seligman o Mihaly Csikszentmihalyi han desarrollado teorías muy reconocidas sobre los parámetros y aspectos que permiten medir y mejorar la felicidad y el bienestar en el entorno laboral pero, desafortunadamente, chocan con la decisión de las empresas para implementar políticas en las que se fusionensus intereses económicos con los intereses personales de quienes las integran.

Siendo éste un artículo sobre felicidad, solo cabe entonces terminar con un mensaje optimista. Los tiempos de crisis son históricamente tiempos de vuelta a los fundamentos. Son épocas en las que nos damos cuenta del valor real de las cosas a todos los niveles y, quizá, de primar lo inmaterial sobre lo material. Quizá, es entonces el periodo de aprovechar el momento, pararnos a ver lo que nos rodea y, de forma consciente o inconsciente, poner de una vez los medios que favorezcan la nuestra felicidad y la de quienes nos rodean… por supuesto también en el trabajo.

Miguel Ángel Pérez LloriaMiguel Ángel Pérez Lloria

Ingeniero de Telecomunicaciones International. MBA por el IE y Curso Project Management Professional PMP® por IDE-CESEM.

Co-fundador y Director de Spaincellence

Ha desempeñado los cargos de Consultor en BDO Finanzas Corporativas, Key Account Manager en CDTI e Ingeniero Telecomunicación en MacDonald-Dettwiler.

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