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La formación a lo largo de mi vida

La formación a lo largo de mi vida

FRANCISCO JAVIER MERINO.

Tenía yo 14 años y había finalizado los estudios correspondientes a la Enseñanza General Básica (EGB), cuando mis padres decidieron enviarme a una escuela de Formación Profesional para que aprendiera un oficio. En dicha época, año 1974, las grandes empresas solían proveerse de alumnos de dichas escuelas (antiguamente llamadas de “aprendices”) y, en algunos casos, como era el mío, el acceso era inmediato como consecuencia de ser hijo de productor de una de esas empresas.

Mi padre trabajaba en Altos Hornos de Vizcaya[1], por lo que estaba claro que mi futuro sería incorporarme a dicha empresa como profesional de un oficio. Sin embargo, las cosas no fueron tan sencillas y, como resultado de la crisis en la siderurgia, esta opción laboral fue eliminada justo cuando me correspondía incorporarme, al haber terminado el primer ciclo formativo (3 años).

Simultáneamente, y con la edad indicada al comienzo de este texto, trabajaba los fines de semana y vacaciones escolares en la hostelería (en mi época se comenzaba a trabajar a los 14 años). En casa éramos siete personas y había cierta necesidad y todo el mundo debía colaborar (mi padre era obrero y mi madre realizaba en casa trabajos de corte y confección).

En lugar de dirigirme al mundo laboral plenamente, decidí continuar con el ciclo superior de Formación Profesional (2 años), el cual finalice con éxito. También seguía con mi actividad laboral en el mundo de la hostelería.

Llegados aquí – y dado que con dicha formación mi única opción de seguir estudiando era la realización de una carrera de grado medio (no podía optar a una carrera superior sin haber cumplimentado previamente el bachillerato) –  decidí iniciar Ingeniería Técnica de Minas en la Escuela de Ingeniería Técnica Minera de Baracaldo. Esta fase me resultó ciertamente más difícil, pero conseguí concluirla siendo el número 2 de mi promoción. Seguía trabajando en la hostelería.

Acabada esta fase formativa, realicé el Servicio Militar. Estamos en el año 1983. A la vuelta seguí trabajando durante un tiempo en la hostelería y enviando CVs en respuesta a todas las ofertas que había en el mercado laboral.

Curiosamente, en el año 1984 el Estado invirtió una gran cantidad de dinero en la denominada “Reconversión Industrial de la Siderurgia”, para lo cual se estaba reclutando jóvenes con formación universitaria. En febrero de 1985 me convertí en empleado de Altos Hornos de Vizcaya (paradojas de la vida).

En esta empresa ocupé diferentes puestos en el área de operaciones. No obstante, algo me animaba a seguir formándome (quizás los duros turnos de 7 días seguidos de trabajo). Así que decidí seguir estudiando. Pero las cosas nunca son sencillas. Dada mi formación (Ingeniería Técnica de Minas), sólo podía optar al denominado “curso puente”, desplazándome a otra localidad donde existiera Escuela Superior de Ingenieros de Minas (Oviedo o Madrid). Esta opción resultaba absolutamente imposible.

Armado de valor, me interesé por las opciones que podía ofrecerme la Escuela Superior de Ingenieros Industriales de Bilbao cercana a mi lugar de residencia. La solución que me ofrecieron fue comenzar desde el principio pero con el primer curso convalidado. Creí que se me caía el mundo (la carrera en aquél entonces era de 6 años). No obstante, accedí a iniciar una nueva etapa formativa.

Ni que decir tiene que el esfuerzo que me suponía era inmenso. Tras mucho trabajo, y a menor ritmo que el resto de estudiantes (trabajaba a turnos), conseguí ir superando los diferentes cursos. Fue la etapa más dura de mi vida. Una vez llegado a 6º curso, y viendo las carencias que tenía en los aspectos de gestión, economía, finanzas, etc., me interesé por la formación complementaria que ofrecen los programas postgrado “Máster”.

De este modo y, sin ayuda financiera ninguna (en dicha época el desembolso era importante), decidí optar por un Master de IDE-CESEM denominado “Máster en Dirección de Empresas- Producción”, entre octubre de 1991 y junio de 1993, que me proporcionó una visión absolutamente diferente del mundo empresarial. Este curso me hizo reflexionar acerca de las funciones puramente productivas como las que estaba realizando en ese momento y conocer ese otro mundo más amplio que es la Empresa. A la par, realicé un curso de “Dirección de Empresas” en este mismo centro de IDE-CESEM, con el objetivo de conocer en mayor profundidad el mundo de los negocios (octubre de 1992 – junio de 1993). Es apasionante reconocer lo pequeños que somos (profesionalmente) cuando pertenecemos a una gran organización empresarial. De esta experiencia obtuve una visión absolutamente diferente de la realidad de las empresas, cómo funcionan, cuáles son sus objetivos, la necesidad de obtener beneficios para garantizar su sostenibilidad, etc.

El 8 de abril de 1994 recibí mi diploma acreditando mi nueva condición de Ingeniero Superior Industrial. Debo reconocer que la totalidad de mis compañeros en la fábrica que me habían tildado de “osado” se alegraron de ello. Fue una experiencia intensa y muy dura pero deseada. No obstante, la vida da muchas vueltas. Al igual que mencioné anteriormente, los ciclos económicos son traicioneros y en 1995 Altos Hornos de Vizcaya (AHV) se fusionó con Ensidesa como resultado de una operación realizada por la SEPI[2] debido a la mala situación de ambas empresas creándose un nuevo ente denominado CSI[3] que englobaba los activos de ambas compañías.

En este mismo año se decidió el cierre de AHV en beneficio de la empresa estatal Ensidesa lo que supuso un amplio plan de pre-jubilaciones (52 años) y una oferta de movilidad para los más jóvenes. Este era mi caso. Tenía 35 años.

Esta nueva compañía, CSI, a través del estado invirtió una cantidad considerable de recursos en la antigua Ensidesa, localizada en Asturias con factorías en las localidades de Gijón y Avilés.

Mi nuevo destino fue la incorporación a la factoría asturiana pero ya no con labores en el área operativa, sino en funciones de gestión. Dentro de la “mala suerte” comenzaba a surgir un cierto grado de oportunidades diferentes. Teóricamente, mi CV era impecable y, por mi juventud, también mi potencial.

Mi nueva función se iniciaría en el área de Auditoría Interna con un amplio campo de actuación (la nueva empresa tenía centros repartidos en toda la península). Esto me supuso un nuevo reto ya que me permitía conocer las diferentes áreas de producción y de gestión de la nueva sociedad a la vez que me proporcionaba conocimientos sobre otros campos de la empresa que antes desconocía totalmente.

Posteriormente, y por azares de la vida, me incorporé a la Dirección Económico-Financiera. En esta dirección y en el área de Control de Gestión (hoy denominada Controlling) comencé una nueva etapa profesional.

En 1998 la empresa CSI de carácter estatal fue privatizada pasando a denominarse Aceralia y contando con un socio de referencia, Arbed (empresa siderúrgica luxemburguesa). Esta situación duró relativamente poco tiempo y en 2002 se produjo otro cambio empresarial como resultado de la fusión de la española Aceralia, la luxemburguesa Arbed y la francesa Usinor, creándose la compañía denominada Arcelor. Posteriormente, y como resultado de una OPA hostil, Arcelor fue adquirida por el grupo LNM (Mittal) pasando a denominarse ArcelorMittal, la cual perdura en la actualidad y de la cual soy empleado.

Tras las mencionadas asociaciones, fusiones y adquisiciones de empresas, la compañía resultante tomó un tamaño considerable. De este modo, fue necesaria la organización de las diferentes plantas, que formaban parte de esta nueva multinacional, por regiones o zonas geográficas.

Esto abrió otra opción formativa: los idiomas. De la noche a la mañana habíamos pasado de ser una empresa española a ser parte de una gran multinacional con centros repartidos por todo el mundo. Las comunicaciones, las reuniones, etc., implicaban a personas de países y lenguas diferentes. Así que era necesario adquirir un determinado nivel de idiomas para ser capaz de desarrollar las actividades diarias. Desde la compañía se potenció el aprendizaje de los idiomas inglés y francés como una primera fase. Hoy es el día en que la inmensa mayoría de los empleados usamos con soltura la lengua inglesa en todas nuestras comunicaciones, “conference calls”, reuniones, etc.

Esta nueva situación permitía la creación de equipos de trabajo multiculturales y multidisciplinares a la vez que suponía una oportunidad muy valiosa para conocer las diferentes formas de trabajar en cada país y mejorar las técnicas productivas y de gestión como resultado de las sinergias existentes. Este tipo de formación no se imparte en ninguna universidad y pocas escuelas de negocios la pueden proporcionar.

De este modo, y como resultado de todos estos cambios mencionados, he desempeñado diferentes posiciones en las áreas relacionadas con el Control de Gestión bien a nivel local, División Sur de Europa y Sector Europa. Estas responsabilidades me han permitido adquirir una gran cantidad de conocimientos que he sabido aprovechar y que en la actualidad me permiten ser un profesional respetado tanto por la parte industrial como por la económica.

Sin embargo, era consciente de mis limitaciones técnicas. Conocía perfectamente el proceso productivo pero no dominaba suficientemente la jerga económica. Parece paradójico que a pesar de haber tenido la formación anteriormente mencionada tenga que admitir esto. Pero, como todo en la vida, es cuestión de encauzar los conocimientos en el momento en el que te sientes cómodo y seguro. Lo que nadie podía negarme era la capacidad; se trataba de un problema de “digerir” tantos cambios en tan poco tiempo.

Efectivamente, con el tiempo conseguí hacerme con un cierto prestigio en la función. Debo reconocer que en un entorno lleno de economistas un ingeniero no encajaba muy bien. Esto me llevo a forzar ciertos cambios en el entorno que motivarán al personal con formación económica a tener una visión más industrial.

A ello se sumó un programa de formación consistente en visitas a las instalaciones productivas (nuestros clientes internos) y la mejora de la comunicación con dicho estamentos. Una especie de “carretera de doble sentido”: tú me das, yo te doy. Esto supuso una gran revolución en el comportamiento de ambas partes: Industrial y Controlling.

Desgraciadamente, la crisis iniciada en 2008 empeoró las condiciones de una manera importante. Había que hacer recortes en todas las áreas productivas para hacer la empresa mínimamente competitiva. A través de intensificar las acciones formativas del personal del área productiva se consiguió una concienciación en el área de costes. Empezábamos a hablar el mismo idioma el personal productivo y el personal financiero. Humildemente, debo de admitir mi participación. Esta influencia no hubiera sido posible sin la formación técnica (Ingeniero) y la formación Económico-Financiera.

Este es el reto del que estoy más orgulloso.

Para finalizar, debo mencionar mi última “locura” por la formación. En el año 2009 y teniendo casi 50 años, mientras tomaba el aperitivo un domingo por la mañana, leí en un periódico regional que la Universidad de Oviedo ofertaba un Máster denominado “Contabilidad Directiva y Control de Gestión”. Creí que estaba soñando. Era lo que había estado esperando toda mi vida.

Como indiqué anteriormente, mi entorno está formado fundamentalmente por economistas. Yo, como “outsider”, me defendía pero no tenía un reconocimiento técnico adecuado. Así que me decidí por realizar dicho Máster. Era una tarea ardua, ya que suponía 14 meses de clases a realizar los jueves, viernes y sábados a razón de 6 horas diarias. Además de un considerable desembolso económico que financié por mí mismo. Comencé con ciertas dudas pero, a medida que avanzaba el curso, me sentía mejor. Llegué a un momento de motivación absolutamente alienante (que dada mi edad era algo extraño). Este curso me proporcionó los mejores momentos de mi vida (con la consiguiente desaprobación de mi esposa y de mi hija – que tiene que estudiar por obligación).

El curso lo finalicé con éxito y me supuso una gran satisfacción ya que lo que yo creía conocer como producto de mi experiencia fue refutado o clarificado en dicho master.

En otras palabras conseguí una formación reglada en el área en el que me encuentro y ahora puedo hablar con tanta o mayor autoridad que cualquiera de mis compañeros (Controlling).

Esta es la historia de mi vida como mezcla de trabajo y formación.

En la actualidad, mantengo un gran interés por el conocimiento y la formación sigue siendo mi “leitmotiv”. No hay mayor satisfacción que el conocimiento y su transmisión. Aprender cosas de manera voluntaria y llegar a comprenderlas en su totalidad es un ejercicio de valor infinito. Aquel que piense que es más o que tiene mayor potencial profesional por saber más que los demás y no compartir dicho conocimiento es un “pobre” y, además, impedirá que las personas de su entorno crezcan. Transmitir conocimiento es unos de las mayores recompensas que puedan existir.

NOTA: En el trabajo me llaman de manera cariñosa “Google”.

Francisco Javier Merino Pereda

IDE-CESEM, Instituto de directivos de empresa - FormaciónMáster Management Accountancy & Controlling en University of Oviedo.

Máster MBA en IDE-CESEM Industrial Engineering y Mining Engineering en UPV.

En la actualidad es Industrial Controlling Support en ArcelorMittal España SA. Anteriormente fue Primary Operations Controlling Industrial Controlling. Upstream Costs & Technical KPIs. FCE Upstream Performance Management. Management Information en Arcelor OU South. Control & Development. Finance (Aceralia-Arcelor). Cost Accountancy & Budgeting Controlling (Aceralia). Internal Auditor Internal Audit (CSI-Aceralia).


[1] Altos Hornos de Vizcaya (AHV) fue la mayor empresa de España durante gran parte del siglo XX surgida gracias a la fusión de varias empresas siderometalúrgicas de Vizcaya

[2] Sociedad Estatal de Participaciones Industriales

[3] Corporación Siderúrgica Integral

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