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La formación son conversaciones 2.0 porque las empresas son conversaciones 2.0

La formación son conversaciones 2.0 porque las empresas son conversaciones 2.0

ANA ORTIZ DE OBREGÓN.

Más de uno de los que tiene un ejemplar de esta revista en sus manos, al leer el título de este artículo, pensará que voy a hablar de e-learning, formación en Red o formación online. No exactamente. Cuando hablo de formación, entendida como conversaciones 2.0, me refiero a la adaptación de la formación que necesitamos como profesionales para nuestro encaje en las demandas de la empresa de  hoy, cuyos procesos de trabajo están migrando a entornos 2.0, y que por tanto, no tiene nada que ver con el concepto empresarial que hemos conocido. Un entorno 2.0. cuya característica principal es la conversaciones transversal o lo que los expertos han dado en llamar mercados de conversaciones.

Creo que todo el mundo tiene claro que el ámbito de los negocios de hoy es volátil, influenciado por la globalización económica y social, gracias a una de las revoluciones más apasionantes que estamos protagonizando desde hace veinte años: la revolución del conocimiento, al que le añado un matiz más: la revolución del conocimiento participativo.

Nos movemos en entornos de trabajo donde confluimos varias generaciones de profesionales, de forma simultánea. Cada vez es más frecuente encontrar equipos formados por técnicos que provienen de mundos profesionales muy diferentes, con distintas actitudes e intereses, que nos hemos formado en capacidades que, aparentemente, no tienen nada que ver con la de otros compañeros del mismo equipo. Sin embargo, en un momento dado, se nos convoca para que nos sumemos a un  proyecto concreto en el que se trabaja en Red, de forma simultánea, rápida y colaborativamente.

Las claves de esta demanda están en dos aspectos: los proyectos son cada vez más complejos debido al entorno global en el que nos movemos profesional, económica y físicamente. Por tanto, requieren de enfoques multidisciplinares, a nivel económico, humano y tecnológico. Trabajamos ya en entornos de trabajo colaborativos en los que cada integrante del equipo participa aportando su experiencia específica de base, pero en la que, al mismo tiempo, influye, supervisa y decide sobre la experiencia de los demás, donde el espacio y el tiempo ya no existen.

La distribución del trabajo cada vez es menos vertical, jerárquica, al modo convencional. Es transversal, horizontal y diversa, donde hasta el responsable de que todo funcione, ha sido elegido dentro de ese entorno equipo creado ad hoc, dentro de ese proyecto específico, convirtiéndose en un dinamizador con vocación de liderazgo. Un profesional capacitado para organizar, reorientar las veces que haga falta, personas y demandas. Una persona con gran capacidad para solucionar los naturales conflictos que puedan surgir entre profesionales inmersos en un proceso de estrés.

Al mismo tiempo, el perfil del resto de los integrantes de estos equipos ha dejado de ser el del “currito”, exento de responsabilidad más allá de entregar en tiempo y forma el trabajo encomendado, que cierra su PC hasta nueva orden y que desconoce las aportaciones del resto de sus compañeros, salvo cuando acude a alguna reunión de puesta en común o exposición final de resultados, reuniones a las que, en muchas ocasiones, ni siquiera era convocado, una vez finalizada su aportación técnica. Por lo tanto, no disponía de una idea de conjunto del trabajo encomendado.

En esta perspectiva de evolución hacia una empresa 2.0 donde se trabaja en entornos colaborativos de “suma” y no de aporte parcial al todo, es fácil encontrar todavía directivos y profesionales que se resisten a este cambio, porque ello rompe con los modelos tradicionales de trabajo que conocemos los que llevamos ya algunos años en el mercado de trabajo.

Pero, antes o después, la necesidad, la realidad de la revolución del conocimiento colaborativo se impone, lisa y llanamente, porque no estamos ante un simple escenario de cambio coyuntural, cuyas premisas y condiciones podrían asumirse bajo los mismos supuestos y enfoques, en torno a los cuales las organizaciones tradicionales han sido dirigidas.  Afrontamos este cambio de escenario porque hay algo que es un factor clave: la tecnología, que nos lleva de la mano hacia entornos de trabajo 2.0, donde se establece un mercado de conversaciones profesionales. Así, cada vez tiene menos sentido el liderazgo entendido como excelencia operacional, división del trabajo vertical y a la planificación estratégica unidireccional.

Por tanto, para enmarcar el tipo de formación que necesitamos a lo largo de toda nuestra vida profesional, debemos ser conscientes de la evolución que atraviesa la empresa de hoy, que es comunicación, es conversación, es colaboración, es transversalidad, es horizontalidad y es liderazgo dinamizador. Como tal, ha de orientarse la formación empresarial que demandamos, porque solo así estaremos más seguros de alcanzar el éxito.

La formación son conversaciones 2.0

Es en este nuevo paradigma, en el que los profesionales son el centro de gravedad y la razón de ser de las organizaciones y no los accionistas, el proceso de producción o el jefe. Estamos, pues, ante profesionales que forjan organizaciones que aprenden, cuestionan sus prácticas, se reinventan e innovan colaborativamente en formato 2.0.

Las comunidades de formación, o comunidades de práctica deben adaptarse como un guante a la nueva necesidad detectada, porque son las nuevas formas organizativas las que dan forma a la necesidad que queremos fortalecer para enfrentarnos mejor a la tarea asignada.

La formación, entendida como colaboración permanente en su aspecto más transversal, sitúa a las personas, su experiencia técnica y sus ideas, como ejes de los motores del cambio que aprenderemos en nuestro proceso formativo. Ya hemos dicho que los profesionales son los protagonistas de la inteligencia colectiva y de la innovación. Por ello, en aras de alcanzar esta inteligencia comunitaria e innovadora, es preciso que empecemos por formarnos bajo esas mismas fórmulas y utilizando el mismo lenguaje.

Aprender, hoy, es un camino de dos direcciones, donde formados y formadores se encuentran en un punto de conversación profesional fluida, al igual que se hace en otros campos gracias a la tecnología. Aprender, formarnos, es conversar. Entran en juego las comunidades de práctica porque permiten el desarrollo de esa necesaria inteligencia colectiva que se nos va a demandar cuando estemos trabajando en un proyecto al que todos aportamos, todos evaluamos, todos redirigimos.

¡¡Cuidado con confundirlo con un formato asambleario!! No. En las comunidades colaborativas de aprendizaje, la inteligencia se comparte, la inteligencia suma al mismo tiempo que suman las del resto de nuestros compañeros, pero, como se comentaba en al comienzo de este análisis, dinamizado por un líder con visión de conjunto, que va pilotando el rumbo de la nave de acuerdo a unos objetivos perfectamente delimitados, donde al final, se exigirá un resultado medible cualitativa y cuantitativamente.

Para que la formación se adapte a esa necesidad de inteligencia colectiva, requiere asegurar la implantación de las ideas mediante mecanismos organizativos denominados comunidades de innovación, las verdaderas protagonistas de la organizaciones 2.0.

Sí. Hablamos de sumar a esa formación clásica que conocemos -formación en aula, e-learning, blended learning, outdoor training, etc.- otro componente: el lenguaje 2.0, o más bien, la mentalidad 2.0, porque es el verdadero facilitador de esas imprescindibles conversaciones que enriquecen nuestra manera de formarnos, y la propia formación técnica que recibimos o impartimos.

No es una nueva moda porque el entorno en el que nos movemos existe. Tan real como buscar en Internet una receta de cocina, hacer una foto y subirla a nuestro Twitter o poner nuestro Curriculum Vitae en Linkedin. Tan cotidiano como que esa receta de cocina que hemos encontrado, tiene un montón de aportaciones de otros amantes de la cocina que han experimentado y comparten su experiencia, a los que preguntamos por un ingrediente y conversan con nosotros. Tan normal como que esa foto que hemos subido a Twitter la ven todos nuestros seguidores, la comparten y conversan sobre ella. Tan fácil como que nuestro CV puede ser consultado por los que buscan nuevos profesionales, por amigos o colegas, que también aportan su experiencia en la misma forma, nos evalúan y conversan sobre nuestras aptitudes.

Tan sencillo como que, en el transcurso de la formación que estamos impartiendo o recibiendo, compartimos documentación por correo electrónico, hacemos una búsqueda en Google o interactuamos en un foro. Conversamos transversalmente con todos los demás aportamos que al proyecto. Como lo hacemos en la organización donde trabajamos.

Algunos de estos nuevos entornos y herramientas 2.0 facilitan nuestro desarrollo profesional. Protagonizan nuestro cambio, el de nuestra organización y lo más importante de todo: nuestra manera de abordar un proyecto, de aplicar la inteligencia que tenemos y la formación que hemos obtenido a lo largo de los años.

Si somos capaces de integrarlas de forma natural en nuestros procesos de formación, estaremos seguros de ofrecer a los formados ese plus que necesitan en su roll cotidiano en el ejercicio de sus competencias profesionales.

Compartir objetivos comunes, experiencia y conocimiento especializado, así como el mismo roll de cómo lo desempeñamos, mejora nuestra manera de aprender. Esta actitud es lo que verdaderamente pone en valor lo aprendido. Y todo esto se puede aplicar, después, a la propia organización, de forma sistematizada. Esta es la verdadera inteligencia 2.0 en la que hemos sido formados.

Cuando hablamos de inteligencia 2.0, basada en conversaciones transversales aplicadas de forma sistemática y organizada a la formación y posterior rol de trabajo, hablamos de Colaboración, Socialización, Liderazgo Dinamizador, Trabajo en equipo, Democratización de las tomas de decisiones, Creatividad, Innovación, Flexibilidad. En definitiva, la inteligencia 2.0 basada en estos parámetros nos capacita para desarrollar habilidades que nos ayudan a afrontar la incertidumbre, minimizarla, y llegar a buen puerto con los objetivos marcados.

La formación así entendida, basada en conversaciones profesionales con inteligencia 2.0, se orienta mucho mejor hacia las necesidades de la empresa de hoy, porque nos proporciona herramientas organizativas para la búsqueda de soluciones, herramientas organizativas de aprendizaje y de cambio cultural. Nos capacita para la reflexión, la  toma de decisiones y su posterior análisis.

¿A qué estamos esperando? ¡¡En marcha!!

IDE-CESEM, Instituto de directivos de empresa - Ana Ortiz, conversaciones 2.0Ana Ortiz de Obregón

Licenciada, Ciencias de la Información (UCM). Máster Community Management: Empresa 2.0. Networking Profesional, Community Management en IEBS. Digital Analytics Fundamentals, Análisis de datos en Google Academy. Máster Protocolo Empresarial, Protocolo Empresarial en BAI.

Fue Directora de Relaciones Institucionales en AHCIET (apoyada por Telefónica) y Técnico de Comunicación en Telefónica. En la actualidad es Analista de Contenidos Social Media para la toma de decisiones estratégicas (Comunidad de Madrid). Especialista en Community Management,  Networking Profesional y Empresa 2.0.

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