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¿Pulga o elefante?

Emérito Martínez 

Todo cambio procede de hombres poco razonables, porque los razonables esperan que el mundo continúe más o menos como está.

 

El gurú del management Charles Handy escribió hace unos años que en poco tiempo el mundo estaría lleno de elefantes –grandes empresas- y de pulgas –emprendedores, autónomos, freelancers o microempresas-. Es decir, que el mundo sería más grande y más pequeño al mismo tiempo. Y acertó. Ese mundo ya es real. Ya está aquí.

En la actualidad hay más elefantes porque cada vez hay más empresas de gran tamaño, que siguen fusionándose o consolidándose entre ellas. Y hay más pulgas, y esto es sobre lo cabe llamar la atención, porque cada vez hay más agentes independientes: trabajadores freelance, autónomos, profesionales, microempresas.

En Estados Unidos, cerca de un 30% de la población ya trabaja freelance, según el estudio de Freelancers Unión, y la inmensa mayoría de los trabajadores estadounidenses cambia con mucha frecuencia de una empresa a otra.
Las pulgas, más ágiles, saltan a lomos de los elefantes y hacen las tareas que éstos no hacen por miopía o por torpeza o porque ya no quieren.

Las pulgas están proliferando a gran velocidad por varias razones. En primer lugar debido a la tecnología. La llegada y consolidación de Internet junto a la globalización hacen que el trabajo empiece a ser una actividad más flexible que se pueda acometer desde cualquier parte y con solo un smartphone o un portátil. Mucha gente está harta de la inflexibilidad y del ‘politiqueo’ propio de las empresas. Y está harta de jefes y subjefes. Mucha gente, sobre todo los más jóvenes y aquellos trabajadores senior con altas cualificaciones, optan por trabajar por proyectos. Ya no son fieles a una empresa. La fidelidad ha cambiado. El salario como sistema de retribución estándar está en vías de extinción. Los honorarios, junto a los sistemas de retribución variables y retribuciones en base a proyectos tenderán a imponerse. La dependencia y la fidelidad dejan de ser el objeto de la recompensa monetaria del trabajo y son sustituidos por la independencia y la aportación de valor añadido.

En esta estructura empresarial, la de la microempresa, la del empleo autónomo o liberal, se necesita mucha más iniciativa, mucha más capacidad personal para encontrar el hueco. En cambio nos siguen educando para formar parte del elefante, cuando el elefante ya está formado por miles de pulgas. En el futuro, la gente no tendrá trabajos, sino que los hará, y se les pagará por ello. En un mundo tan competitivo como éste la gente debe ser medida por su valía y por sus resultados, cosa que hoy día no siempre pasa. La figura del funcionario tendrá cabida en las administraciones, pero en la empresa privada difícilmente.

Esta modalidad de trabajo presenta el beneficio de permitir una mayor independencia y libertad a la hora de elegir cuándo, cómo y con quién se trabaja. Los inconvenientes se pueden concretar en que el freelance disfruta de un margen de seguridad laboral muy limitado, ya que no puede prever con seguridad el número ni la frecuencia con la que se le ofrecerán proyectos, de modo que depende en todo momento, sobre todo cuando aún no tiene una cartera afianzada, de la afluencia de clientes.

Desde la perspectiva freelance, cada individuo es su propia empresa cuya ubicación está en la red. La creación de relaciones virtuales de trabajo posibilita contratar a profesionales que físicamente se encuentran en diferentes países y trabajar con ellos como equipo sin que esto suponga una complicación.

El fenómeno de la deslocalización freelance no ha pasado inadvertida por los servicios de contratación, que han generado nuevas formas de rentabilizar esta forma de trabajo. Un ejemplo de ello es oDesk, la empresa que se dedica a poner en contacto a contratantes y freelancers, ofreciendo también herramientas de monitorización del trabajo a cambio de un 10% del sueldo pagado. También hay webs que hacen la misma función de intermediarios pero sin extras de software, como trabajofreelance.com, que cobra tarifas fijas por cada tipo de anuncio; o freelancer.com, que ofrece sus servicios por el 3% del pago final.

Otro buen ejemplo de esta nueva filosofía empresarial lo tenemos en Adtriboo, una nueva apuesta por el crowdsourcing en España y la mayor comunidad de creativos de habla hispana formada por más de 123.000 profesionales (diseñadores, animadores, músicos, fotógrafos, ilustradores, editores de vídeo, realizadores, guionistas, actores, locutores, copies, escritores, etc.). Adtriboo.com es una plataforma online para poner en contacto a profesionales, empresas y agencias que quieran crear una marca, un logo, diseñar una web o crear una campaña. Una empresa o un particular pueden solicitar un trabajo concreto a través de un briefing, que incluya la remuneración ofrecida y plazos. Este briefing puede ser consultado en la web donde estará accesible para los profesionales interesados en el proyecto. Éstos presentarán sus propuestas, entre las que el cliente puede seleccionar la que se mejor se adecúe a sus expectativas, siempre con la garantía de que si por algún motivo ninguna propuesta se adaptara plenamente a sus necesidades, no pagaría por el trabajo.

Más allá de los negocios que se han creado en torno a la figura del freelance, la sociedad está empezando a cambiar su percepción de este tipo de trabajadores, que ya no son una rareza sino que se presentan como una importante alternativa y respuesta a un mercado que es, para bien o para mal, fluido, cambiante y que precisa tener acceso puntual a diferentes tipos de trabajadores sin estar atado constantemente a ellos.
Por supuesto, y más en España, la crisis del mercado laboral está obligando a mucha gente a reinventarse en pulga. Pero éste es el signo de nuestros tiempos. El que no tenga espíritu emprendedor, y la inseguridad le cree ansiedad, tendrá que aprender a navegar en este nuevo entorno, aprender asumir cada día la responsabilidad de labrarse el futuro

Puede ser realmente peligroso y problemático no ver el presente en el que estamos y mucho menos intuir, visionar el futuro al que nos encaminamos. El elefante puede desprenderse de ti y cualquier momento. ¿Estarás entonces para seguir viviendo como pulga?

Debemos ver este proceso no como una revolución sino como una evolución.

 

Artículo escrito por Emérito Martínez: 

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Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología y Máster en Dirección de Marketing y Ventas por IDE-CESEM. Tiene también un Curso Superior en Trade Marketing. En la actualidad es Director de Marketing y Comunicación Corporativa en el Grupo Uponor para España y Portugal. Con anterioridad ha sido Product Manager para las marcas CASIO y FILA en Forum Time, Director de Marketing y Comunicación en Prosegur Activa, y Director de Marketing y Comunicación Corporativa del Grupo Prosegur

 

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