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¿Quién es ESE? ConoceTÉ si quieres diferenciarte

¿Quién es ESE? ConoceTÉ si quieres diferenciarte

Ángela Díaz. Profesora de Evaluación Competencial y Desarrollo Directivo en IDE-CESEM.

¿Quién es ese compañero que viaja con nosotros? Ese en el que me reconozco cuando las cosas salen bien y del que me alejo cuando se equivoca. Ese al que otros conocen más que yo mismo aunque me acompañe siempre. Ese que lucha por hacerse visible a través de mis actos. ¡Ese soy yo!
Tengo que confesar que nunca me he atrevido a preguntar directamente a una persona: “¿quién eres tú?”. ¿Por qué es tan comprometido hacerla, si es una pregunta de sana curiosidad? Se me ocurre que las posibles respuestas pueden ser muy diferentes en la forma, me cuestiono si en el contenido lo serían también. A algunos les costaría responder a una pregunta que sorprende por novedosa. ¡Nunca me he planteado quién soy! Otros lanzarían una retahíla de todos sus logros en la vida y lo que les queda todavía por conseguir; atrapados en la ilusión de ser proactivos. Otros hablarían de sus “posesiones”: dónde viven, a qué familia pertenecen, etc. Al final, todos de una forma u otra parece que nos retratamos a través de los adornos que nos colocamos como si fuéramos un árbol de navidad que tiene que crecer más rápido y cargarse de más espumillón que los demás. Llamativamente esto nos hace sentirnos satisfechos y diferentes. ¿Diferentes realmente?
Muchas personas viven en la ilusión de sentirse únicos, pero paradójicamente, lo hacen siguiendo los modelos sociales establecidos. Sólo tendríamos que ponernos en la puerta de un colegio y preguntar a los niños para comprobar cómo el paradigma de éxito es bastante compartido por todos ellos. ¿Se imagina lo que responderían? Cuanto más consigas y más rápido mejor. Lo que marca la diferencia es cuánto más veloz voy yo que los demás y no cómo soy de diferente a través de mis ideas, mis objetivos, mis emociones, etc. Enfocamos nuestra energía en lo que conseguimos, desatendiendo la manera de hacerlo. Es indiferente si aprendo, si disfruto, si me identifico, qué impactos genero, etc. Da igual cómo lo haga, lo importante es llegar a la meta. Al final, ¡yo soy lo que consigo!
Y atrapados en esta idea hemos llegado hasta aquí, a una crisis que algunos califican de económica y que pretenden corregir con cambios en el mercado. Menos mal que tenemos al mercado para echarle la culpa, como si en el mercado no participásemos todos. La pregunta es si dentro de unos meses no estaremos metidos otra vez en la misma situación, haciendo cambios para seguir igual pero sintiéndonos más tranquilos porque hemos hecho algo. ¡Qué forma de engañarnos a nosotros mismos!
En mi trabajo con empresarios y directivos siempre les animo a conocerse más a sí mismos porque así serán más conscientes de sus formas de actuación y del impacto en su entorno. Más de uno se embarca en la aventura, no sé si por disciplina o por curiosidad, pero con un escepticismo bastante evidente. Si bien una vez dado el paso se pueden observar dos realidades muy polarizadas.
Aquellos que están en “fuga” constante porque prefieren seguir viajando con un desconocido. ¿Para qué conocerse? No sea que lo que encuentren les asuste. Por eso se justifican continuamente, buscan enemigos en el entorno, asienten para luego no hacer nada, proyectan en ti muchas de sus insatisfacciones… Así la continuidad de su situación está asegurada. Nada cambiará en su entorno porque han decidido no cambiar aunque manifiesten lo contrario.
Por el contrario, los que se miran a sí mismos con curiosidad, con una intención sana de conocerse, de hacer un autodescubrimiento, consiguen finalmente encontrar nuevas formas de hacer las cosas y consolidar lo que funciona. Es curioso cómo estas personas, con independencia de los logros que consigan, suelen describirte el valor del proceso. Es como si se encontrasen con su identidad y esto ya tuviera un valor diferencial para ellos. El proceso no siempre es sencillo ni fácil, pero es gratificante en sí mismo. Las personas que se atreven vuelven a dar protagonismo a cómo se hacen las cosas y no sólo a lo que se consigue. Alguno incluso llega a cambiar alguna de sus metas.
Las diferentes formas de actuar ante el conocimiento de uno mismo también se replican en las sociedades. No hay que buscar culpables fuera para tranquilizar nuestra responsabilidad en el momento de crisis actual. Creo que para hacer cambios profundos habría que atreverse a mirarse como sociedad y descubrir que la forma de hacer las cosas sí importa.
Cuando un directivo presiona en exceso a su equipo para conseguir los resultados, tiene que saber que está deteriorando su salud y su desempeño, cuando una persona calumnia tiene que saber que está creando una realidad falsa, cuando un profesional no hace con calidad su trabajo tiene que saber que está defraudando a un cliente y tendrían que ser sancionados por ello.
Hace unos años se editaron numerosas publicaciones sobre ética empresarial, tal vez tendríamos que apelar primeramente a la ética personal. Quizá el primer capítulo de ese libro sería la obligación que tenemos con nosotros mismos de conocernos y de reconocer los miedos, las creencias, las habilidades, etc. que rigen nuestros comportamientos, así sí nos sentiríamos realmente diferentes y volveríamos a otorgar valor a cómo se hacen las cosas. ¡ConóceTE!

Revista Innovatia 31

Ángela Díaz es Licenciada en Psicología, especializada en Psicología de la Organización por la UCM, cuenta con un MBA en Dirección Empresarial y Marketing por ESIC y con especialización en Desarrollo Organizacional por el Instituto Europeo de Estudios de Psicoterapia Psicoanalítica y la Tavistock Clinic. Es socia fundadora de la consultora Dynamis (www.dynamis.es), empresa especializada en liderazgo, comunicación y cambio y co-autora del libro “Comunicación sostenible”. Imparte los programas de Evaluación Competencial y Desarrollo Directivo en IDE-CESEM y Técnicas de Comunicación y Liderazgo Emocional en la Universidad Pontificia de Comillas.

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