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Reflexiones sobre la formación

Reflexiones sobre la formación

GUILLERMO ILLÁN.

Hablar de cómo la formación influye en la carrera profesional de una persona supone hablar, según la calidad de la materia, de uno de los impactos o saltos cualitativos más importantes en el perfil competencial, de gran relevancia para quien la recibe, pues aumenta su “campo de juego” sustancialmente. Cuando nos referimos a formación, lo hacemos de uno de los dos pilares fundamentales. El otro sería la experiencia que, en mi humilde opinión, conforma el “bloque hard” del perfil competencial de una persona. Obviamente, el perfil competencial/laboral de un  profesional se alimenta con otros componentes de otras dimensiones, pero el binomio CONOCIMIENTO/EXPERIENCIA es, insisto que en mi opinión, el pilar maestro que debe sostener el resto de competencias de un profesional: habilidades materiales, inteligencia emocional, etc. Es curioso que ambos pilares no son innatos, es decir, se adquieren con el tiempo y su mejora exige sacrificio, esfuerzo, renuncias y trabajo muy duro.

Sobre la relación de ambos pilares y su influencia en el desarrollo profesional, ahondaré en las siguientes líneas a través de la siguiente reflexión, desde un punto de vista muy personal y enfocado a directivos de empresas, pues estas consideraciones son fruto de mis propias experiencias vitales.

La primera idea clave, en forma de pregunta, al hablar de formación, viene de la mano de la segunda y, entiendo, el formando debe contestarlas y reflexionarlas a la vez:

 ¿Cuándo formarse?, y la segunda pregunta, ¿ En qué formarse?

Respecto al Cuándo, he de hacer un juicio previo, quizás aparentemente poco coherente con los siguientes argumentos que daré a favor de la formación, pero que, bien analizado, viene a reafirmar y complementar la “mayor”.  Este juicio previo es que tengo el firme convencimiento de que “las profesiones se aprenden trabajando”. Esta convicción, muy personal, creo que les puede dar una idea de que no defiendo una formación muy cualificada recién finalizada una carrera universitaria pues, a mi juicio, la falta de experiencia laboral, de experiencias “reales”, no permiten aprovechar la formación en su plenitud, pues es imposible bajar el conocimiento que se está adquiriendo al mundo real, discernir lo importante de lo superfluo, lo que nos interesa de lo que no y ponerlo, en definitiva, en un contexto de empresa real del modo más eficiente. Obviamente, a esto también contrapongo las excepciones. Si una persona tiene clarísimo a lo que quiere dedicarse, pongamos de ejemplo el asesoramiento fiscal, pues le recomiendo hacer un master inmediatamente… y si lo puede compaginar con la práctica real, mejor que mejor.

                        La segunda reflexión respecto al cuándo y, en sintonía con lo anterior, sería lo que yo llamo el “circuito de la capacitación”:

            FORMACIÓN-EXPERIENCIA-FORMACIÓN-EXPERIENCIA-FORMACIÓN

… cuanto mayor sea esta cadena, mayor capacitación competencial.

La primera formación sería la universitaria. El paso por la Universidad es un pequeño barniz que nos permite acceder al mundo laboral, de mejor o peor forma, pero es el paso sine qua non. Precisamente, la falta de experiencia práctica nos ha hecho sentir a muchos esa sensación al finalizar la carrera  de “no saber nada”… El paso del tiempo y el poso de las experiencias van poniendo cada cosa en su sitio y esos conocimientos adquiridos van aflorando de un modo natural.

La experiencia laboral, sostenida en el tiempo, nos va a indicar cuando es el momento de formarnos porque de esa misma práctica laboral van a florecer nuestras carencias y, a poco que sepamos leer las señales de nuestra rutina y aspiremos a una carrera profesional en ascenso, vamos a ser conscientes de nuestras limitaciones, necesitaremos ampliar nuestro “Know how” para ser mejores profesionales, conocer nuevas herramientas que nos permitan crecer profesionalmente y, así, poder acceder a otros retos de la mejor manera… De este modo, el ciclo del  crecimiento profesional es continuo y sincrónico con las experiencias y formaciones que acumulamos en nuestra “maleta”. Explicado de otra forma, mi ideal sería poder compaginar la experiencia profesional con formaciones complementarias a lo largo de la vida laboral, formaciones que enriquezcan el trabajo presente y capaciten para el puesto futuro.

Si se dan cuenta, no estoy hablando de otra cosa sino de de la mejora continua y la idea de que la formación debemos entenderla como un medio hacia la excelencia profesional y no como un fin en si misma.

Respecto al QUÉ estudiar, que formación elegir, por qué programa decantarnos… Entiendo que, antes de decidirnos por alguna, debemos preguntarnos y respondernos a las siguientes preguntas y, en consecuencia, valorar si en nuestra estrategia personal/laboral merece la pena tanto la inversión como el retorno que tendremos. Las dos preguntas, muy básicas, que yo me haría serían:

  • Esta formación, ¿Me va a ayudar/mejorar mi día a día presente?
  • ¿Necesito esta formación para mis planes futuros?, según la estrategia personal de cada uno.

Si la respuesta a ambas preguntas es negativa, no debemos decantarnos por esta formación porque la desmotivación va a manifestarse en el minuto uno. Si la respuesta es positiva, la valoración debemos hacerla siguiendo la “visión” que nosotros tengamos de nuestra propia carrera profesional.

                        En líneas anteriores incidía en mi convencimiento de que la formación se debe alternar con la experiencia a lo largo de la carrera profesional de una persona: La primera se nutre de la segunda y viceversa, como una enredadera abrazada que crece hacia arriba y no se separa.

En esta misma línea de dar respuesta al QUÉ, no me gustaría dejar pasar la ocasión de hacerles partícipes de una idea compartida con muchos colegas: “Normalmente, los diez primeros años de carrera profesional sirven para pasar del estado de estudiante  a la integración total en el mercado laboral”. Quiero decir con esto que, en estos años, una persona supera el periodo de estudiante, de vida “sin responsabilidades serias”, idealismos juveniles, prejuicios laborales… Para pasar a tener sus primeras experiencias laborales, responsabilidades, aprender, caer, entrar en el mundo de los adulto y, lo que es más importante, superar sus ideas preconcebidas, avanzar en muchas de ellas, conocer ámbitos de desempeño nuevos y, en definitiva, ir descubriendo aquello que más le gusta, ir sumando experiencias y conocimientos, enriqueciendo su perfil competencial”. Podemos afirmar que las personas, cuando accedemos al mercado laboral, cubrimos el siguiente ciclo en el siguiente orden:

  • DESCONOCIMIENTO INCONSCIENTE: No ser consciente de las propias limitaciones. Pensamos que sabemos mucho más de lo que realmente sabemos.
  • DESCONOCIMIENTO CONSCIENTE: Después de los primeros “sinsabores” empezamos a ser conscientes de nuestra inmadurez e ignorancia.
  • CONOCIMIENTO CONSCIENTE: Empezamos a formarnos y a sumar  experiencias: Comenzamos a cubrir lagunas de nuestro desempeño profesional.
  • CONOCIMIENTO INCONSCIENTE: Fruto de la experiencia y la formación llega un momento en el que “sabemos” más de lo que creemos. Este último nivel se suele corresponder con un profesional maduro y hecho, consciente de sus limitaciones y fortalezas y, también, conocedor de cómo mejorar en aquello que más le interese en cada momento.

Es por esto que yo no recomiendo formaciones relacionadas con la dirección empresarial muy potentes recién salido de la facultad, a no ser que la vocación sectorial sea muy clara. La falta de experiencias y madurez, personal y laboral, no nos harán aprovechar plenamente la formación… Y, a pesar de esto, también afirmo de un modo informal, que la formación, como la educación, la prefiero por exceso que por defecto. “Es mejor una formación en un momento inoportuno que no hacerlo nunca”.

                        A nivel muy personal, y cambiando de “tercio”, siempre que intercambio impresiones con compañeros, pongo la siguiente “imagen mental”, como parábola, para explicar  cómo se relacionan la formación y la experiencia laboral: Yo me imagino a todas las experiencias y las herramientas que conozco como puntos inconexos en el infinito y, cuando te formas, esos puntos que no tenían ninguna relación se van uniendo y cobrando mayor sentido y esa falta de relación la empiezas a entender en un todo organizado y global, revelándose como herramientas de mayor potencia y aumentando, sin duda, las capacidades competenciales del profesional.

Muchísimas veces he pensado en el momento de formarme: “pero si esto lo hago yo en mi empresa…”; lo que sucede cuando te formas es que lo aprendido se relaciona con la experiencia, unas herramientas se vinculan a otras, unas áreas de la empresa las conectas con otras, entiendes mejor a tu empresa y su funcionamiento en los 360 grados, a tu sector, a tu competencia, al mercado en global y en síntesis, sientes que el circulo de tus competencias se cierra y tu perfil profesional se realza con mayor fulgor.

                        Y como conclusión y resumen, diré que a la formación hay que decirle “sí” SIEMPRE; en todos los casos es un valor añadido al profesional, en mayor o menor medida. La clave es la eficiencia con la que el profesional despeje las incógnitas, antes referidas, del QUÉ y CUÁNDO.

IDE-CESEM, Instituto de directivos de empresa - Guillermo IllánGuillermo Illán

Es Licenciado en Derecho por la Universidad de Vigo y Máster en Dirección comercial y Marketing por  IDE-CESEM.

Ha trabajado en Caixavigo y El Corte Inglés. Entre los años 2012 y 2014 fue responsable de Proyectos de Personas en Grupo Arquea, consultora orientada a la mejora continua de procesos. Desde el año 2002 trabaja en Eroski S. Cooperativa, en diferentes puestos directivos dentro de las estructuras de Operaciones y Personas.

En los ultimos meses está liderando, como CEO, un grupo inversor para la creación de una nueva marca alimentaria premium, La Oca Roja, junto con una tienda on line, GOURMATIA.

One Comment

  1. Guillermo:
    Estoy de acuerdo con tus comentarios. Vivimos en un entorno laboral muy dinámico, al que debemos adaptarnos rápidamente, y la formación continua es el único camino, apoyado en la experiencia. Quizás convendría apuntar que ayudaría mucho la valoración de las empresas a los empleados que se forman, lo cual sabemos por experiencia que, desgraciadamente, no siempre se cumple.
    Saludos,
    José Antonio Sánchez Montero

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