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Reinventarse ¿pero cómo?

En este artículo te vamos a facilitar seis consejos útiles para cambiar la trayectoria de tu negocio o de tu vida profesional. En vista de que nadie va a acudir en nuestra ayuda para resolver nuestros problemas, vamos a tratar de buscar la solución en nosotros mismos y en aquello que está a nuestro alcance.

 

Parece que la palabra de moda, en los próximos meses, será “recortes”, especialmente en la administración pública. Como casi siempre, lo público llega con cierto retraso respecto a la iniciativa privada, social y empresarial, es decir a remolque de lo que se vive en la calle. Baso este comentario en la evidencia de que el sector privado ya hace tiempo que hizo los recortes oportunos. Si no lo hubiera hecho ya habría desaparecido.

 

Por tanto, en la empresa privada la palabra “recortes” ya está pasada de moda, ahora lo que procede es adaptarse a los nuevos tiempos, y una fórmula de adaptación consiste en reinventarse. La idea es buena, pero ¿cómo hacerlo? Lo que viene a continuación te ayudará en el proceso de reinvención. No obstante, ya anticipo que debemos empezar por nosotros mismos.

 

Primero: Eliminar las creencias sobre aspectos personales, profesionales y empresariales que todos tenemos. Una creencia es algo que tú sostienes como una verdad, cuando en realidad puede que no lo sea, y de hecho para otras personas no lo es. Las creencias suelen ser la causa más importante de nuestras limitaciones, entre ellas se encuentran los miedos, el autosabotaje (creer que no valemos para algo o no lo merecemos), creer que ya lo sabemos todo, esto no es para mí o mi empresa, etc., (esto daría para varios artículos como éste). ¿Qué debemos hacer con las creencias? En primer lugar identificarlas, después concienciarnos de la limitación que supone, de las oportunidades que hemos dejado escapar por su culpa y por último eliminarlas a base de traspasar barreras (algo que se interpone en tu camino).

 

Segundo: Estar dispuesto a salir de nuestra “zona de confort”.

Esto tiene que ver con abandonar la comodidad, hacer lo que se debe y no apetece, intentar cosas nuevas que no hemos hecho nunca antes. En definitiva, salir de nuestro refugio social, económico o profesional y estar dispuesto a enfrentarse a los nuevos acontecimientos. Por supuesto que esto conlleva asumir riesgos, pero ¿quién concibe una empresa o un empresario sin riesgos?

 

Tercero: Cambia de hábitos. Abandonar los modelos de gestión que no funcionan puede parecer fácil si somos capaces de reconocer y distinguir lo bueno de lo malo, lo que funciona de lo que no. Pero en realidad los modelos antiguos permanecen porque es nuestra forma de hacer las cosas, las que conocemos, las que nos gustan, y caemos en los mismos hábitos una y otra vez.

 

Cuarto: Aprende. Adquiere formación pero, sobre todo, aprende de tu entorno, observa los cambios en tus clientes, en tus proveedores, en tu competencia. A veces es más fácil observar lo que funciona o no funciona en los demás que en nuestro propio negocio (aquello de “la paja en el ojo ajeno”). Hace tiempo que se inventó el benchmarking y en Impulso siempre animamos a buscar la originalidad y la diferenciación, pero si es necesario ¡copia! Si crees que no puedes hacerlo solo, busca ayuda, alianzas o un socio.

 

Quinto: Planifica. Planificar significa anticiparse, algo que extremadamente importante en dos aspectos: el comercial y el financiero. Cuando abordamos este tema siempre pensamos en un documento lleno de buenas intenciones que duerme en un cajón. Esto sucede porque nos quedamos en la primera etapa de la planificación, la elaboración del plan. Pero la planificación es algo más. La planificación supone seguimiento, observar las desviaciones y corregir nuestro comportamiento ya que de otra forma no sirve para nada. Éste es el verdadero trabajo de un empresario.

 

Por último, pasa a la acción. Es decir, materializa todo esto, no te quedes en la lectura de este artículo y en los buenos propósitos. Hazte a la idea de que acabas de leer un plan (volvemos a hablar de planes) de entrenamiento físico y ahora debes ponerlo en práctica. ¿Cómo? Haciendo una lista de tareas y dejando hueco en tu agenda para realizarlas todos los días y sin excusas. Si aun así no te ves capaz de llevarlo a cabo, porque no tienes tiempo, no sabes por dónde empezar, te falta disciplina, etc., lo tienes fácil: busca la ayuda de un coach.

 

Artículo de ANTONIO CALVO

Socio-Coach y Director de Oficina Central de Impulso Coaching de Negocios

MBA Master en Administración y Dirección de Empresas por IDE-CESEM

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