Pages Navigation Menu

Resiliencia: la energía épica

Resiliencia: la energía épica

Fernando Valdepeñas, Master en Administración y Dirección de Empresas (MBA) por IDE-CESEM

El ser humano ha evolucionado conforme a la cantidad y calidad de “energía externa” que ha sido capaz de descubrir y utilizar a lo largo de cada época.

El hombre ancestro utilizaba para su propio metabolismo basal su propia movilidad, como destino de aplicación la “energía externa” que le proporcionaba los alimentos y líquidos que ingería, así como la energía procedente del sol para mantener una temperatura de comodidad.

Cuando descubrió la “energía externa” potencial del fuego y supo generarlo, lo utilizó para mejorar su alimentación, su salud, lo usó también como mecanismo defensivo frente a otros depredadores y como símbolo de poder ante otros homínidos.

Posteriormente domesticó a los animales y empezó a controlar y utilizar la “energía externa” de tracción, para moverse con mayor rapidez, para realizar tareas más eficaces que si únicamente utilizase la mano del hombre. Es decir, el ser humano fue capaz de ingeniárselas para utilizar la potencia y fuerza de los animales para sus actividades diarias. Y la proporción era muy importante, ya que con el trabajo que desarrollaba un animal podía suplir al de diez personas.

Tuvieron que pasar unos miles de años para poder utilizar la “energía externa” procedente de los combustibles fósiles (carbón, gas natural y petróleo). Y fue aquí en este punto del descubrimiento de utilización de la energía que albergaba los materiales fósiles para darse cuenta de la importancia y dimensión que este hecho generaría en la historia y progreso de la civilización que hoy en día conocemos y que denominados “industrial y tecnológica”.

Un vehículo de 100 “caballos de potencia”, suple el trabajo de 2.000 personas, por cada persona en el mundo “desarrollado” para sus actividades diarias tenemos unos “150 esclavos” energéticos trabajando las 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año, entre las actividades, desde apagar el despertador, encender la luz, calefacción, sistemas de refrigeración, vestimenta, movilidad, alimentos, trabajo, ocio y deporte y así, la larga lista diaria de actividades que realizamos.

El desarrollo que ha experimentado el ser humano en los últimos ciento cincuenta años y el modelo de vida actual, sin el preciado líquido “aceite de roca”, como lo denominaban los griegos, hay que ser conscientes que ha sido único e irrepetible, ya que los recursos derivados del petróleo son finitos e irreemplazables.

Con estas características tan peculiares y únicas que nos ha proporcionado el petróleo, es lo que nos ha proporcionado el grado de comodidad en la búsqueda de nuevas fuentes energéticas, o porque creíamos que era inagotable, pero todo parece indicar y no somos aún conscientes de ello que el “líquido elemento” se acaba y la pregunta obligada que nos deberíamos de hacer es: ¿y ahora qué?

En un sistema tecnológico y globalizado, donde los conceptos habituales que justifican la riqueza de un país, como el PIB, crecimiento, productividad, tasa de desempleo y otros términos socio-económicos, hemos obviado, quizás por necesidad quizás por comodidad, la “energía interna” fundamental que ha hecho posible la búsqueda incansable e innata de fuentes energéticas externas, y que se denomina Resiliencia.

Entre otras definiciones, la Resiliencia es la capacidad de un sistema para absorber disturbios y reorganizarse para un proceso de cambio, manteniendo en esencia la misma función, la estructura, la identidad y la retroalimentación.

A lo largo de miles de años, hemos sido capaces de adaptarnos y organizarnos para los continuos cambios que en cada época de la historia del ser humano se han producido. En cambio, todo apunta a que en la mayor época del conocimiento, de movilidad, de alimentos, de estabilidad socioeconómica, de riqueza material subvencionada por el petróleo, nos encontramos con la época de menor sabiduría que el ser humano haya atesorado.

Todo apunta a que el elemento “energético externo” que nos encumbró a las altas esferas, será el mismo que nos bajará a la tierra, no por la sabiduría acumulada del hombre, sino por “el final de la fiesta” como indica Richard Heinberg.

Formarnos en Resiliencia y practicarla, hacer de la escala social-económica más regional y local y enfocarlo como oportunidad única, con optimismo, formando sentimiento de grupo, hará de nuestras empresas, corporaciones, entidades y organismos, mejores lugares de colaboración e implicación, de las personas que lo componen. Sólo debemos crear e imaginarnos que otro futuro es posible, sólo tenemos que aprender a soñar, para encontrar la verdad

photo

Fernando Valdepeñas ha sido Jefe de Transporte y Jefe de Marketing de la empresa Würth España, cargo que ocupó hasta enero de 2011. Anteriormente ha desempeñado funciones como supervisor de comunicadores comerciales en Retevisión Móvil y como Responsable de Almacén y Controller de Producción para la empresa Colep España. Licenciado en Ciencias Químicas. Fernando cuenta con un MBA en Sistemas energéticos solares y un Master en Administración y Dirección de Empresas (MBA) por IDE-CESEM.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*