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¿Sabemos lo que viene?

¿Sabemos lo que viene?

Luis J. Baqué
Hemos cambiado de siglo y resulta casi obvio preguntarnos cómo será el mundo profesional en las próximas décadas, qué cambios se producirán en las profesiones que la sociedad demandará para cubrir las distintas necesidades que hayan aparecido y que, anteriormente, no existían o cómo evolucionarán las que hoy conocemos.

Una de las formas de aproximarse a estas preguntas es utilizar nuestra realidad actual y efectuar una proyección hacia el futuro, una extrapolación, lo que puede falsearnos los resultados que obtengamos porque, en primer lugar solo tenemos en cuenta lo que hoy conocemos. En segundo lugar hacemos una hipótesis de cómo será la evolución de esa realidad actual y por último, no tenemos en cuenta todo aquello que puede surgir nuevo y que probablemente ni siquiera intuimos. Nuestro planteamiento, inexorablemente, está a veces, sin darnos cuenta, tomando la realidad que conocemos como punto de partida para aventurar cómo evolucionará o incluso para adivinar realidades nuevas que de alguna forma siguen vinculadas con lo que hoy conocemos. Los nuevos entornos en los que la actividad profesional y empresarial se desarrollará en esas próximas décadas serán realmente los que determinen cómo serán esas nuevas profesiones, cómo habrán evolucionado las que hoy conocemos y cómo se estructurarán las empresas del futuro.

Hace unos años se veía un crecimiento significativo en la gestión del tiempo de ocio. La existencia de una población creciente de personas en la llamada tercera edad, en buenas condiciones de salud, fuera del ámbito laboral y con tiempo libre para disfrutar de opciones nuevas, abría muchas posibilidades en profesiones y empresas para gestionar ese tiempo libre. La nueva situación que de forma acelerada ha surgido en esta crisis global que padecemos, con tendencias generalizadas a prolongar la edad laboral, ¿no introducirá una expectativa de menor crecimiento de lo esperado en este sector? Esto sería solo un ejemplo de cómo las condiciones del entorno pueden influir en cualquier proyección que hoy realicemos.

Las nuevas tecnologías nos abren pistas de por dónde pueden surgir las nuevas soluciones a las demandas sociales. Así pensamos, por citar algunas, en los avances biomédicos y biotecnológicos, en el conocimiento del genoma humano incorporando nuevas técnicas para el diagnóstico y para la curación de enfermedades, en las relacionadas con las cuestiones medioambientales (geo-microbiología), en la nanotecnología y todas sus aplicaciones en diferentes sectores profesionales, en las amplias posibilidades que el desarrollo de las tecnologías de la información y de la comunicación abrirán en todos los campos, algunos seguramente impensables hoy.

Y así podríamos enumerar un gran número de nuevas profesiones que pensamos surgirán en derredor de éstas o de otras nuevas tecnologías y técnicas que hoy solamente están en período embrionario o en un desarrollo muy incipiente. Pero, ¿es esto lo que ocurrirá? Afirmarlo con rotundidad significaría que podemos abstraernos de nuestro entorno actual y ser capaces de realizar un ejercicio de adivinación para dibujar los escenarios que se irán presentando en las próximas décadas.

Nos resulta más fácil imaginar las profesiones futuras que adivinar cómo serán las que hoy son más tradicionales y nos parecen más alejadas de las tecnologías novedosas, aunque se encuentren influenciadas por los avances en comunicación y en la ingente cantidad de información que tenemos hoy a disposición en cualquiera de los campos profesionales. Pero indudablemente también esas profesiones evolucionarán aunque nos resulte difícil vislumbrar en qué dirección.

Tampoco podemos desvincular esas nuevas profesiones de la forma en la que las empresas se organizarán, porque éstas serán las que demanden unas determinadas habilidades y conocimientos. Todo apunta a que crecerá la tendencia hacia estructuras organizacionales virtuales, donde resulta difícil obtener una imagen clara de su tamaño, con fronteras difusas con su propio entorno y con desagregación vertical de actividades y procesos, conformando redes de muy variada topología, con funciones y actividades diversas en sus nodos, interconectados entre sí mediante canales de comunicación e información por los que fluirán las relaciones de trabajo en un contexto de flexibilidad y complejidad variada.

Al igual que en el caso de las profesiones más tradicionales, también nos sucede con las organizaciones empresariales más convencionales. Podemos imaginar grandes cambios en las empresas de tecnología punta o de nuevas tecnologías. Pero nos cuesta más profundizar en los cambios que puedan acontecer en una típica empresa de carácter eminentemente fabril. Y sin embargo, también en ellas se producirán transformaciones con toda probabilidad.

El mundo de la universidad y de la formación a otros niveles no podrá quedar inmune a todos los cambios que hemos citado. Sin duda alguna, la permeabilidad entre las demandas de la sociedad en los terrenos profesionales y empresariales y la oferta académica, tendrá que traducirse en una mayor vinculación, donde sin perder la identidad de una formación básica sólida, se aborden también aquellos aspectos que promuevan la formación continua y donde los profesores pasen a ser concebidos más como gestores del conocimiento que como simples transmisores del mismo. La intercomunicación entre la universidad y la empresa deberá crecer dado que el tiempo de formación no se limitará al de paso por las aulas, sino que se prolongará durante todo el tiempo de ejercicio de la vida profesional. La palabra virtual podría volver a citarse en este caso, porque podríamos pasar del concepto actual de universidad como algo ubicable en un espacio concreto, a un entorno académico basado en redes de información y comunicación, uniendo personas distantes unas de otras, solamente vinculadas por la generación y gestión del conocimiento. En este sentido, también las empresas podrían convertirse en centros de enseñanza y aprendizaje, colaborando y participando con las universidades en ese proceso de formación continua.

Pese a las dificultades mencionadas para despejar la incertidumbre y dar una visión más aproximada del futuro, sí podríamos aventurarnos en señalar aspectos y características de índole más general, que se vislumbran como muy probablemente presentes en ese futuro de empresas y profesiones y que son fruto de las consecuencias que, a buen seguro, van a impactar en los entornos en los que las organizaciones del futuro tendrán que moverse.

Uno de ellos es la globalización de los mercados que irá reduciendo el número de mercados diferenciados, derribando las barreras proteccionistas que en todos los órdenes se hayan levantado (comerciales, tecnológicas, económicas), buscando un proteccionismo que cada vez será más difícil de mantener, sin dejar de lado las nuevas barreras que podrían levantarse pero sustentadas en diferentes parámetros. La internacionalización que hoy contemplamos, incluso en empresas de mediano o pequeño tamaño, buscando las ventajas de localizar los procesos allí donde puedan aportar mayor valor a la totalidad de la cadena de valor, podemos aventurar que continuará, ayudando a mantener o mejorar la posición competitiva que esa globalización no contribuirá a facilitar.
Pero además, este entorno tan cambiante y muchas veces impredecible, requerirá de una gran flexibilidad en las empresas para adaptarse a esos cambios y de unas profesiones en constante evolución e inmersas en procesos continuos de creatividad e innovación. Se ha discutido mucho sobre si la innovación es la consecuencia de la investigación básica que muchas empresas desarrollan invirtiendo una notable cantidad de recursos o por el contrario es la innovación la que marca el sendero por el que debe caminar esa investigación básica. Sin duda podríamos tomar el camino intermedio y calificarlo como un proceso circular donde todo se concatena y se hace difícil averiguar qué va primero, como lo del huevo y la gallina. Sin embargo, parece presumible el papel transcendente que va a jugar en el futuro la innovación entendida como generación y gestión del conocimiento, pegada a un mercado que demanda soluciones que satisfacer, aunque podría no ser consciente aún de esas necesidades.

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Ello nos llevará hacia formas estructurales de las organizaciones cada vez más basadas en la cooperación creativa y en la búsqueda de los recursos necesarios para desarrollar la estrategia de la empresa allí donde existan. Y como sucede en las “matrioskas”, esas muñecas rusas, que cada una alberga en su interior una nueva y ésta a su vez otra y así sucesivamente, al abrir este análisis de la búsqueda de los recursos, tan ligado a la planificación estratégica, podemos intuir también un cambio sustancial generado por la posición predominante del conocimiento y el talento, lo que nos llevaría no solamente a buscar los recursos necesarios sino a crearlos. Y esto nos abriría de nuevo otras consideraciones en lo relativo al proceso de selección y definición de la estrategia. Siguiendo la terminología de Mintzberg, las estrategias deliberadas, esas que se formulan de forma racional, siguiendo la secuencia de primero realizar un análisis, después pasar a su formulación y terminar con su implantación, mayoritarias hoy, cederán su posición a las estrategias emergentes que son aquellas que surgen como resultado del aprendizaje llevado a cabo por toda la organización y que constituyen un proceso de abajo a arriba, que va de los niveles inferiores de la empresa a los superiores, pasando de la acción al pensamiento y reconociendo la importancia de la creatividad, la intuición y la experiencia. Y algo muy importante y que lo será de forma creciente en el futuro, la participación de todos sus miembros en la elaboración e implantación de la estrategia. A su vez, si seguimos a Alfred D. Chandler, que considera que la estructura sigue a la estrategia, nos abriría nuevos planteamientos en las futuras estructuras organizacionales. Todo un reto.
Por otra parte se producirá una fragmentación en las empresas. Fenómenos como los llamados “offshoring” o “outsourcing”, que son procesos de deslocalización y de fragmentación productiva, que hoy vemos a los primeros en algunos casos como amenazas, pasarán a ser oportunidades. Seguirá creciendo la especialización vertical, como la llaman Hummels, Ishii y Yi, en su artículo “The nature and growth of Vertical Specialization in world trade”, que la definen como aquella “cuya característica clave es que los inputs importados son utilizados para producir bienes que el país exporta. Nuestro concepto resalta la doble noción de que la secuencia de producción de un bien implica al menos dos países y que durante esta secuencia, el bien en proceso cruza al menos dos fronteras internacionales”.

Consecuencia de esa fragmentación y de un proceso de descentralización, se acentuará el trabajo a distancia y lo que el profesor del MIT, Thomas W. Malone, ha llamado el “e-lancer”, una especie de trabajador independiente y muy cualificado, que según este autor nos permitiría “obtener los beneficios propios de las grandes organizaciones sin tener que renunciar a los de las más pequeñas, que son la libertad, la creatividad y la flexibilidad.” Crecerán las que se denominan en el mundo empresarial “start ups”, compañías emergentes basadas en ideas de negocio innovadoras, con niveles de proyección altos, que no precisan de fuertes inversiones financieras y que están soportadas por grupos pequeños de emprendedores que se identifican con los objetivos a alcanzar. Este tipo de empresas podrían ser el caldo de cultivo adecuado para esa evolución hacia estructuras virtuales y en red, ya mencionadas anteriormente.
Frente a estos cambios en el mundo profesional, se abrirían para las personas en su vertiente laboral muchas otras cuestiones derivadas de esos nuevos escenarios. Una de ellas, de gran importancia por su transcendencia en otros muchos aspectos, sería ¿dónde quedaría la seguridad financiera para afrontar un proyecto de vida que permitiera asumir responsabilidades económicas y de toda índole a medio/largo plazo? Partiendo de la necesidad de una formación continua que encaje en esa nueva dimensión en la que el aprendizaje y la gestión del conocimiento serán esenciales, ¿cómo se logrará cubrir esa necesidad sin pertenecer de forma vinculante a una organización? ¿Qué cambios habrán de introducirse en el enfoque de un sistema de seguridad social que tendría que configurarse con una proporción de autónomos que estaría en niveles parecidos a la de asalariados? Todos estos interrogantes tendrán que ser respondidos por parte de la sociedad futura, con una adaptación a las nuevas situaciones creadas, que sin duda mostrarán cambios sobre lo que hoy conocemos.
Pero, ¿sabemos lo que viene?

Revista Innovatia 40Luis J. Baqué es Ingeniero Naval en las especialidades de Construcción Naval y de Explotación del Buque y Transporte Marítimo por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Navales de la Universidad Politécnica de Madrid. Durante su vida profesional ha realizado diversos cursos sobre Gestión de Recursos Humanos, Leadership Development, Couching, Tack Developing People, Técnicas de Negociación, etc… Los perfiles que han marcado su trayectoria profesional son los de Jefe de Línea de Producto, Director de división, Director Comercial y el de Director General en su última posición en Sauer-Danfoss S.A. Compañía filial de la multinacional Sauer-Danfoss Inc. que cotiza en la bolsa de Nueva York.

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