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“Nuevos líderes”: por Enrique Cerveró.

“Nuevos líderes”: por Enrique Cerveró.

Últimamente se habla mucho de líderes. Las redes sociales están llenas de referencias, comparativas y definiciones
de un término que ha existido siempre pero que nunca se ha utilizado tanto como ahora: Líder VS Jefe,
Cómo ser un buen líder… ¿Se trata de una moda? Es posible que precisamente gracias a esas redes sociales parezca que sea así, pero siempre ha existido este debate y siempre ha habido diferentes formas de gestionar equipos humanos, aunque ahora hablemos de “vieja escuela” “jefe vs líder” o como he titulado este artículo: “Nuevos líderes”.

Basándonos en el ámbito en el que se mueven, se pueden diferenciar dos tipos de líderes: grandes líderes (ámbito mundial) y líderes a menor escala. Este artículo se centra en aquellos que para mí mueven el mundo: los pequeños líderes que hacen que las cosas se muevan, que las cosas pasen, los líderes del día a día. Gente que gestiona
pequeños o grandes grupos de personas y las lidera hacia objetivos comunes, normalmente en el ámbito laboral.
¿Qué es un líder? ¿Hay una definición única de líder? Yo creo que no. Hay gente que dice que un líder nace y no se hace. Yo nunca fui líder en el colegio, ni en el grupo de amigos, más bien pasé siempre bastante desapercibido. Fue con el tiempo, cuando comencé a trabajar, cuando me di cuenta que tenía cierto “don de gentes”, cierta facilidad para manejar equipos de personas a nivel colectivo e individual.

Con el tiempo fui adoptando aquellas cosas de mis jefes (entonces se llamaban así) que me llamaban la atención por su originalidad, eficiencia y repercusión en los proyectos en los que estaban. Todo el mundo los tenía en cuenta, valoraban sus opiniones, y todos aquellos que trabajábamos con ellos los admirábamos de igual forma. Ahí es donde empecé a pensar ¿qué tiene tal o cual persona para que sea tan fácil trabajar con él? ¿Qué hace que me sienta tan a gusto a su lado? ¿Cómo consigue que yo dé el 150% de mí y encima esté contento con ello? Yo no me daba cuenta, pero ya estaba eligiendo cuál sería mi camino en la gestión de proyectos y personas, cuál era el modelo de gestión que quería para mi futuro. Nunca me fijé en los jefes al uso, con técnicas antiguas que únicamente consiguen que los empleados estén a la defensiva y no aporten más que lo justo. Yo quería ser como esos otros. Yo quería ser querido y admirado principalmente por mis colaboradores. Yo quería hacerles crecer conmigo, personal y profesionalmente, todos juntos, todos a una. Los tiempos han cambiado y con ellos la forma de liderar.

Liderar es guiar, es acompañar a la gente que trabaja contigo en su propio crecimiento, en su propia formación y en su propia responsabilidad. Se trata de forjar personas, colaboradores, profesionales, labrar una relación de profesionalidad y confianza que aporte a la persona y a la empresa, ese es el trabajo de un líder.
Un buen líder se rodea de gente buena, gente que aporte y que le complemente. Su manera de trabajar y de cuidar a su equipo hace que no tenga miedo a que le superen porque el grupo es más fuerte que el individuo. Aquel que se rodea de gente peor que él nunca será un buen líder. Siempre estará atemorizado y mantendrá a su gente a través del miedo a equivocarse, a través de la orden y, si se me permite la expresión, el “látigo”. Sin ese temor a equivocarse uno es capaz de enmendar su error de una manera ágil y práctica, de otro modo te bloqueas y no sales adelante y al final el equipo se pudre. Para mí no es un modelo de gestión adecuado.

Un líder ha de tener don de gentes. Ha de saber cuándo apretar y cuándo soltar, cuándo acelerar y cuándo frenar, y ha de ser alguien con un talento (quizá este sí innato) para saber escuchar y comprender a los miembros de su equipo. Todo esto siempre dentro de la exigencia que se debe tener en una relación profesional, y sabiendo siempre también dónde está el límite entre lo personal y lo profesional.

Como se dice muy a menudo: “saber separar”. Y así es como se forjó mi forma de liderar de una forma diferente y que aún cuesta encajar en las empresas ya que se basa en los objetivos y no en el presentismo. Siempre he creído que una persona te da más cuanto mayor es la confianza que tienes en él. La confianza es fundamental, es la base de una buena relación con tu equipo, es la base para ser un buen líder. Si tuviera que decir quién es mi referente o en quién me fijo yo diría que en nadie y en todos. Yo no pretendo con este artículo dogmatizar ni dar una definición exacta de liderazgo. Tampoco pretendo marcar en quién fijarse o a quién seguir. Creo que los referentes en el mundo de la gestión de personas para todos aquellos que nos dedicamos a esto son precisamente ellos y ellas. Esas personas que a lo largo de la vida profesional de uno han dejado huella, para bien o para mal, y que te indican, desde el sentido común, qué es lo que debes o no hacer para ser un buen gestor, un buen líder al que sus colaboradores sigan y
aprendan de él y con él.

En resumen, se necesitan personas que lideren equipos de personas. Gente que sepa guiarlos hacia objetivos comunes de una forma que no es la tradicional del “ordeno y mando”, sino con una nueva forma de gestionar que cada vez está más extendida, y que para mí es la más adecuada. El fin último: Que todos trabajemos más, mejor y más felices. 

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